Signo de identidad nacional, de cultura, de catarsis y por tanto reflejo de nuestros ángeles y demonios. Es innegable que la lucha libre mexicana atraviesa por uno de sus mejores momentos (si no el mejor) en al menos, la última década.
De tal aseveración dejó evidencia la aprobación casi generalizada de la Triplemanía 33, evento cumbre del pancracio en México porque representa, tanto para los luchadores como para los aficionados, un punto climático en la temporada anual de encontronazos sobre el ring.
Para esta edición, la expectativa fue aún más grande. Pues es la primera ocasión en la historia en que es organizada en conjunto por la AAA y la WWE, empresas que desde el pasado abril consolidan un bloque casi continental del deporte espectáculo, toda vez que la corporación norteamericana adquirió a la “tres veces estelar”.
Precisamente tal acción comercial es la que, a juicio del que escribe, avivó la lumbre para dar un segundo aire a la lucha libre en nuestro país. Y es que después de mucho tiempo, las acciones sobre el encordado vuelven a estar en el ojo de todo mundo. Y no solo de la afición de hueso colorado, quienes por cierto aplauden y celebran ser testigos una vez más de cómo este deporte es objeto de conversación en los medios y principalmente en todas las plataformas de redes sociales.
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Por supuesto que la gran mayoría de manifestaciones de amor y pasión por las luchas no son una novedad. Pero es interesante y por demás emocionante que más públicos se acerquen a los cuadriláteros. Para las y los enmascarados, son momentos de oportunidades y también de acercamiento con sus fans, algo también común en este entorno, pero que para la gente que paulatinamente se acerca al espectáculo, podría marcar la diferencia en si se queda o se va.
Estos nuevos tiempos para el arte luchístico han servido para que se refuerce lo transmediático del deporte: lo mismo ves a gladiadores en redes mostrando su día a día, sus momentos memorables o promoviendo marcas; o lo mismo lees en el periódico sobre funciones, o debates en grupos especializados de Facebook o disfrutas del cine de luchadores, género que por años ha estado en el olvido y que más bien se volvió un nicho de culto para los amantes del séptimo arte.
La lucha libre en el séptimo arte
Para celebrar el Día del Cine Mexicano, que fue el 15 de agosto, la plataforma internacional de streaming y curaduría fílmica, Mubi, tuvo a bien diseñar un ciclo especial dedicado al género de luchadores. Bajo el nombre de “Héroes Enmascarados: Películas de Lucha Libre”, Mubi rompió el esquema habitual para honrar a las películas que en su momento lanzaron al cine mexicano al plano mundial.
“Santo contra Hombres Infernales” (dir. Joselito Rodríguez, 1961)
El cine de luchadores es importante porque, además de ser considerado por la crítica especializada internacional como un bastión de lo surreal (incluso objeto de estudio en países como Japón, donde guardan un particular respeto por la lucha libre), sentó base para el cine de superhéroes, género blockbuster que acaparó carteleras y rompió taquillas en todo el mundo, principalmente en la década del 2010.
Las películas del Santo, por ejemplo, podían ir desde el thriller hasta el noir, de lo escapista a lo chusco. Películas como “La Mujer Murciélago” (1968) plantearon en México las primeras participaciones de la mujer en personajes protagonistas y con mayor fuerza e inteligencia que los hombres. Premisa que no ha terminado de convencer en el séptimo arte y que es, todavía hasta hoy, objeto de controversia. En el plano local, específicamente para Tulancingo, esfuerzos de artistas como Ben Romero, ponen de manifiesto a través del documental, la relevancia social y cultural de la lucha libre.
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Aunque para Hidalgo la lucha libre es un tema que siempre ha estado en el ojo público (gracias en parte al impulso que hay desde Tulancingo, sitio conocido en el gremio como la “cuna de luchadores”), aún hay mucho por hacer para que se aborde desde los medios locales como un ente artístico y cultural, pues casi siempre se remite meramente a lo deportivo. Hace falta una narrativa para los distintos referentes y empresas, para que sea emocionante sin dejar de lado lo informativo. Para sentir a través de las letras su estética.
Por supuesto que hay espacios que se abren o abrieron en los medios para tal fin. Con disculpas de antemano porque seguramente dejo a varios fuera, un ejemplo de la presencia luchística en los medios es lo hecho en años pasados por Catalina Martínez Duarte, una de las más experimentadas periodistas en el Valle de Tulancingo, quien puso su granito de arena durante varias décadas en El Sol de Tulancingo, al escribir sobre la trayectoria y presencia de la gran mayoría de gladiadores que pasaron por la Ciudad de los Satélites.
En la actualidad, está el programa de radio “Entre Cuerdas”, que encabeza el comunicólogo Santiago Castillo desde que estudiaba en la universidad y que se ha vuelto un espacio para reconocer perfiles, tanto consagrados como nuevos; también para hablar sobre el gremio, con la voz de quienes lo componen.
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En lo visual igualmente hay referentes tulancinguenses: fotógrafos como Mazhavi Sánchez (@retralucha) y Eduardo Islas (@fotolteca), que dan un giro al cómo se mira este deporte. Ambos son profesionales con talento que rebasa fronteras municipales.
En tal tenor, destaca asimismo la labor que ejerce la reportera Karen Aicitel Lira (@aicikar), quien es probablemente la única mujer fotógrafa de luchas originaria de Tulancingo, actualmente en ejercicio en esta ciudad y cuyo trabajo va de lo visualmente expresionista a lo tradicional. Su carrera, aunque todavía en ascenso, promete dar esa chispa a lo que se escribe sobre las luchas: cada que lanza entrevistas, reportajes o investigaciones al respecto, causa revuelo, para bien o para mal, entre quienes conforman el gremio.
Será un deleite atestiguar lo que viene para la lucha libre a nivel nacional. Y sería un buen momento para que desde Hidalgo, se le dote al tema de la relevancia cultural que per se ostenta. Que desde los medios leamos y miremos las hazañas de nuestros enmascarados y enmascaradas para que ya no se remitan únicamente a una página en la sección de deportes. Que se aprecie y se sienta que, en esencia, somos la Cuna de la Lucha Libre y que hay muchas historias qué contar desde el pancracio.
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