La ruptura de la base del PRI en Tulancingo acrecienta y evidencia más profundamente la eventual e inevitable caída del partido tricolor en el estado de Hidalgo.
Y es que, este fue uno de los municipios donde, a lo largo de casi un siglo de dominio priista en la entidad siempre se mantuvo firme y fuerte, pese a los contados gobiernos de alternancia a nivel local que, contrario a lo que pudiera pensarse, solo fortalecieron al Revolucionario Institucional, derivado de que los partidos que rompían la hegemonía terminaban con malos manejos financieros, controversias sociales y hasta asesinatos de figuras políticas destacadas en la región.
A cada gobierno de alternancia en Tulancingo siempre siguió uno del PRI. Siempre se concibió al municipio como uno de los principales bastiones priistas en todo Hidalgo. Eso, a consecuencia de las figuras sólidas que emanaron de este partido. Uno de ellos, Jorge Márquez Alvarado, quien, pese a sus actos y reputación, destacó como probablemente el más importante político de la Ciudad de los Satélites en los últimos tiempos.
Su papel en el priismo era tal, que muchas veces lo etiquetaron como “el primer priista de Tulancingo”. No cedió ante presiones externas ni a la más reciente ruptura de la estructura tricolor en Hidalgo. Cuando Osorio Chong rompió filas con su partido y luego Omar Fayad, en “la ciudad detrás del tule” todos los afines aguardaban al posicionamiento de una sola persona, de él. Como era de esperarse, no se desmarcó. Por el contrario, afirmó en reiteradas ocasiones que su camino era el PRI.
Sin poder aliviar su salud, Márquez perdió la vida y entonces, como si de metáfora tratara, el PRI también murió en Tulancingo.
La victoria de Morena
El primer descalabro, evidentemente, fue la apabullante victoria 2-1 de la morenista Lorena García Cázares en las urnas de junio del 2024. La candidata priista, la historiadora Lorenia Lira y allegada al también empresario, no pudo evitar que en Tulancingo se replicará la derrota del tricolor que ocurrió en casi todas las demarcaciones del país.
Tampoco la popularidad de Pedro Escudero, uno de los políticos jóvenes más fieles a Jorge Márquez Alvarado, sirvió para acercarse siquiera al número de sufragios que alcanzó Morena.
Los primeros meses de la nueva gestión pasaron inadvertidos para el PRI, pese a los intentos en el cabildo por consolidar un bloque de oposición. El cual estuvo integrado por cuatro regidores de este partido y otros tantos de PT, Movimiento Ciudadano y hasta de uno de los guindas.
El intento del PRI por retomar terreno en Tulancingo
Pero apenas en este mes de enero, la historia dio un giro interesante en este capítulo de los últimos días del “Revolucionario”.
Irónicamente, fue otro tulancinguense el responsable de asestar un golpe duro a la estructura: Marco Antonio Mendoza Bustamante. Quien es ahijado político de Carolina Viggiano, actual diputado plurinominal en el Congreso estatal y dirigente del PRI en Hidalgo. Él tuvo a bien designar a Fernanda Pasquel, exregidora y candidata priista, como nueva delegada en funciones de dirigente municipal del partido.
Las voces en contra no se hicieron esperar. Pedro Escudero y Lorenia Lira, los dos priistas más populares del momento en la ciudad, expresaron su descontento por una supuesta “imposición”.
Escudero incluso achacó que no se contempló a la militancia. Dejó entrever que los objetivos que persigue la actual dirigencia estatal no van con los ideales políticos de su partido. A ellos dos se sumaron regidores, exfuncionarios y militantes, que abonaron al rechazo de hacia Pasquel por redes sociales.
Sea por ello o no, Mendoza Bustamante avisó casi a último minuto que pospondrían la toma de protesta de la nueva líder, programada para el 23 de enero.
Los anteriores hechos, como dije al principio, ya no pueden considerarse que esto sea la antesala de la inminente muerte del PRI en Hidalgo. Pues en Tulancingo estamos atestiguando el último soplo agonizante de su caída: los últimos latidos de una estructura que fungía como un ente alineado a la política marquecista, y que, sin un líder moral en el banquillo de toma de decisiones a nivel local, se antoja a punto de quedarse sin perfiles que den la lucha en las elecciones intermedias.
O Mendoza Bustamante da gusto a las bases priistas de Tulancingo y respeta los principios democráticos que tanto presumían cuando Morena hizo lo mismo (la imposición). O se sienta a ver cómo se hunden, mientras observa desde su siempre confiable curul plurinominal.
Las opiniones y análisis de los columnistas no necesariamente reflejan el punto de vista de esta casa editorial.
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