Ignacio García columna

Posted inEl otro debate

Ignacio García

Un canciller tecnócrata en la 4T  

Han transcurrido 18 meses desde que comenzó la administración de Claudia Sheinbaum y ha realizado algunos cambios en su gabinete. Sin embargo, uno de los más relevantes ocurrió la semana pasada con el nombramiento de Roberto Velasco como secretario de Relaciones Exteriores (SRE) en sustitución del exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Juan Ramón de la Fuente, quien dejó el cargo por motivos de salud. 

La mandataria federal postuló a Roberto Velasco, quien se desempeñaba como subsecretario para América del Norte de la SRE en el actual gobierno. Su ascenso obedece a la política internacional favorable con Estados Unidos que trata de desarrollar la presidenta ante los constantes embates mediáticos de su homólogo, Donald Trump. 

Con apenas 38 años de edad, Roberto Velasco se convierte en el canciller más joven en la historia reciente del país. El nuevo secretario tiene la responsabilidad de mantener una relación cordial, respetuosa y horizontal con la administración de Trump, en medio de las negociaciones del T-MEC. 

La formación académica de Velasco se acerca a la tecnocracia. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Chicago. Ahí fue editor en jefe de la revista académica “Chicago Policy Review”, su perfil rompe con la tradición antitecnócrata que impulsó Andrés Manuel López Obrador. 

El perfil de Velasco se asemeja a los funcionarios que caracterizaron los gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto. El nuevo canciller tiene una formación académica proveniente del extranjero, situación de la que se quejaba López Obrador en el sexenio anterior. Y por lo cual priorizó a personajes con una menor preparación para hacerse cargo de áreas de la administración pública a cambio de una absoluta lealtad. 

La herencia de Ebrard  

Roberto Velasco arribó a la SRE durante la gestión de Marcelo Ebrard en el inicio del sexenio anterior. Sin preparación académica en la comunicación, nombraron a Velasco como vocero de la cancillería. Fue en ese cargo cuando se viralizó en redes sociales, debido a que en una reunión con la entonces presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, se sirvió cacahuates para comer como si se tratara de un encuentro casual. 

Aunque se trata de una nimiedad, señalaron al entonces vocero de la Cancillería como “Lord Cacahuates”. En 2020, Ebrard lo ascendió y nombró como subsecretario regional para América del Norte de la dependencia federal. Y con ello negociar tanto con la primera administración de Donald Trump como en la gestión de Joe Biden. 

Una vez que Ebrard renunció a la cancillería para buscar la candidatura presidencial por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Velasco se mantuvo en la dependencia como principal responsable de la política exterior de México en América del Norte, durante la gestión de Alicia Bárcena en el cierre del sexenio anterior. 

Así, Velasco siguió en la SRE en el inicio de la administración de Sheinbaum y, ante la falta de relevancia pública de Juan Ramón de la Fuente para atender la política exterior de México con Estados Unidos, incluso fungió como encargado de despacho por unas semanas al final del año pasado, lo que causó confianza en la presidenta. 

Además, con el nombramiento de Velasco como canciller, las negociaciones que encabeza Ebrard para la renegociación del T-MEC con Estados Unidos serán más dinámicas. Ya que ambos funcionarios se conocen y la comunicación será más directa que la que existía con De la Fuente. 

Estados Unidos como prioridad 

Sheinbaum ha establecido que la principal directriz de su política exterior será su relación con Estados Unidos. Velasco es un personaje conocido en Washington, por lo cual su nombramiento es aceptado por las altas esferas del gobierno de Trump. Esto debido a que se trata de un perfil que ha trabajado con el mandatario republicano desde su primera administración. 

La presidenta considera que Velasco puede reposicionar el papel de México en su relación con la Unión Americana. Criticaron la gestión de De la Fuente por el perfil bajo que manejó incluso desde el sexenio anterior, cuando se desempeñó como representante de México ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU). 

Las constantes presiones de Trump han representado un dolor frecuente de cabeza para Sheinbaum. Por ello, espera que Velasco sirva como un mediador en las relaciones diplomáticas que habían recaído casi exclusivamente en la figura presidencial. 

Incluso Juan Ramón De la Fuente se ausentaba constantemente de las conferencias de prensa mañaneras en Palacio Nacional. Esto evidenciaba que la política exterior únicamente era desarrollada por la presidenta, principalmente en medio de las tensiones con Trump. 

La urgente renegociación del T-MEC es una de las prioridades de México en la agenda de América del Norte. La política internacional de Velasco será diferente a la que caracterizó a su antecesor y podría ser similar a la que encabezó Ebrard. 

No obstante, los principales retos de la cancillería serán reposicionar al Servicio Exterior Mexicano (SEM), que ha sido descuidado en las administraciones de la autollamada “cuarta transformación”. Esto debido a que los últimos embajadores han sido exgobernadores o políticos que son enviados al exilio sin tener conocimiento real sobre las relaciones diplomáticas. 

La primera polémica de Roberto Velasco  

El nuevo canciller enfrentó su primer desafío mediático y político. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través del Comité de Desapariciones Forzadas señaló que en México se han cometido de forma sistemática crímenes de lesa humanidad.  

Esas referencias las negó el nuevo canciller, cuya dependencia publicó en un comunicado que el informe de la ONU es tendencioso. Y no consideró las observaciones, análisis y actualizaciones que presentó el gobierno federal. La cancillería trató de deslindar de cualquier responsabilidad tanto al gobierno de López Obrador como de Sheinbaum. 

Según el comunicado de la SRE, la realidad que retrata el informe de la ONU no obedece a la situación actual que vive el país. Desde su mirada, el país ha cambiado radicalmente en la atención de los casos de personas desaparecidas. Y por ello solo podría aplicarse para los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. 

El nuevo canciller defendió a Sheinbaum al afirmar que México ha tomado acciones de combate al fenómeno de personas desaparecidas. Sin embargo, minimiza el impacto real de este problema, que se comete a nivel subnacional, principalmente entre los gobiernos municipales que colaboran activamente con las redes criminales. 

Aunque tanto López Obrador como Sheinbaum han tratado de negar que en México el Estado cometa actos de desapariciones. La prensa ha documentado cómo las autoridades municipales han actuado en complicidad con los grupos criminales para desaparecer a cientos de personas durante los últimos años. Esto sin que existan cambios reales en los gobiernos de la “4T” con relación a los panistas y priistas. 

La política comunicativa de la Cancillería en realidad no ha cambiado. Sigue en un modelo de negación a cualquier señalamiento externo sobre actos cometidos por el Estado mexicano. Aunque no comprende exclusivamente al gobierno federal, depende en gran medida de las acciones de seguridad que se alcancen a desarrollar en el combate al crimen organizado. 

Además, Velasco tiene la responsabilidad de mantener relaciones acordes a los intereses compartidos entre México y Estados Unidos, en medio de una vorágine de declaraciones vertidas de Trump en contra del país. 

Te puede interesar:

¡Pa’ las miches! Abren convocatoria de Becas Transformación Hidalgo para estudiantes