Ignacio García columna

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Ignacio García

La ruptura que viene en la 4T  

La reforma electoral que intentó impulsar la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, fracasó por las resistencias de sus supuestos aliados. Los partidos Verde Ecologista de México (PVEM) y del Trabajo (PT) decidieron rechazar la iniciativa presidencial, al evidenciar que la alianza de la autollamada “cuarta transformación” está en riesgo. 

La mandataria federal planteó originalmente una reforma electoral que pretendía eliminar el control de las dirigencias partidistas en la designación de las diputaciones plurinominales y extinguirlas en el Senado de la República. La dirigencia del PVEM se negó a apoyar la iniciativa al considerar que esto eliminaba los cotos de poder que han mantenido los partidos históricamente satélites. 

Empoderada, la dirigencia nacional del PVEM decidió votar en contra de la reforma electoral de Sheinbaum. La negativa de los verdes está relacionada con la ausencia de espacios de negociación que les permitirían a los pequeños partidos políticos contar con presencia significativa en los ayuntamientos y los congresos estatales. 

Pese a ello, la presidenta dijo que había cumplido con sus compromisos de campaña establecidos en 2024. No obstante, representó la primera derrota legislativa de la 4T, siendo la primera iniciativa presidencial rechazada desde la reforma energética que había planteado Andrés Manuel López Obrador en 2021. 

Después del rechazo de la primera iniciativa, Sheinbaum anunció la conformación de un Plan B, mismo que se trataba de una versión completamente descafeinada de la que originalmente había planteado y ahora se enfocaba en la reducción de regidurías en los ayuntamientos, así como en los recortes presupuestales en los congresos estatales. 

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Esta vez el PT fue el partido que rechazó la iniciativa. La dirigencia del partido de la estrella se negó a eliminar una representación significativa de las regidurías, dado que esto también reduciría la conformación de los partidos pequeños en los cabildos municipales, por lo cual solo se aprobó una reforma que no tiene componentes electorales. 

Tampoco los petistas aceptaron acelerar la revocación de mandato de Sheinbaum para integrarla en el proceso electoral de 2027. Para los representantes del PT y el PVEM esto puede favorecer a Morena en votos solitarios y provocar una baja sustancial de votos para el partido guinda, ante el deterioro que tiene a nivel subnacional. 

Las tensiones por las candidaturas 

Aunque formalmente las dirigencias del PT y PVEM han asegurado que mantienen la alianza electoral con el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), existen diferencias claras entre los tres partidos políticos que se incrementarán ante la definición de las respectivas candidaturas para el proceso electoral de 2027. 

Tanto el PVEM como el PT se empoderaron en las elecciones de 2024. Después de ser pequeños partidos que estuvieron al borde de la extinción en varias ocasiones, ahora son decisivos para el sistema político mexicano, con una visión pragmática que les permita mantener los cotos de poder que han establecido. 

En San Luis Potosí, el PVEM ha amagado con participar en el proceso electoral de forma solitaria el siguiente año. La dirigencia nacional de los verdes pretende impulsar a Ruth González Silva, esposa del actual gobernador, Ricardo Gallardo Cardona, como candidata a sucederlo en esa entidad, lo que representa una clara violación a los acuerdos de Morena en contra del nepotismo. 

El propio gobernador potosino ha tratado de rechazar que se trate de un acto de nepotismo, debido a que reconfiguró el concepto al afirmar que sólo consiste cuando el gobernador nombra a un familiar como integrante de su gabinete, y no que su cónyuge herede su cargo. 

El PT también busca sus propios premios 

Pero el PVEM no es el único partido político que también ha evidenciado las disputas dentro de la alianza de la “4T”, pues el PT desea sus propios espacios de poder, principalmente en Veracruz y Quintana Roo, donde se ha posicionado a nivel local, por lo cual la permanencia de la misma dependerá de la capacidad de Palacio Nacional para negociar con sus aliados. 

En febrero pasado, el PT traicionó a Morena en Oaxaca. En la revocación de mandato del gobernador Salomón Jara obtuvo resultados adversos. Aunque el mandatario estatal mantuvo su encargo, se evidenció que las estructuras territoriales del partido de la estrella operaron en contra del gobierno estatal. 

Esta situación reflejó las disputas del PT con Morena, luego de que la militancia petista ha considerado que el instituto político guinda sólo los ha utilizado, como ha sucedido con Gerardo Fernández Noroña, que decidió traicionar al instituto político de la estrella para adherirse a Regeneración Nacional. 

Por ello, en la definición de las candidaturas, Sheinbaum deberá alcanzar acuerdos sólidos con el PT y el PVEM para mantenerlos como parte de la coalición electoral, dado que Morena ha perdido fuerza política en diferentes entidades por los pésimos gobiernos de sus respectivos gobernadores. 

Además, Sheinbaum debe lograr acuerdos internos en Morena. La dirigencia nacional encabezada por Luisa María Alcalde ha sido incapaz de alcanzar verdaderas negociaciones con los distintos grupos políticos al interior del partido y con ello pueden provocarse nuevas desbandadas. 

El gobierno de Sheinbaum, sin capacidad de negociación política 

Ante el complejo panorama electoral que se asoma para Sheinbaum, la presidenta no cuenta con verdaderos operadores políticos. La secretaria de Gobernación (Segob), Rosa Icela Rodríguez, no ha sido capaz de lograr negociaciones en el interior de las facciones internas del morenismo. 

En el gabinete de Sheinbaum ninguno de los secretarios ha servido como operador político. Los dos principales presidenciables, Omar García Harfuch y Marcelo Ebrard están enfocados en posicionarse públicamente para construir sus carreras políticas para los comicios de 2030. 

Luisa María Alcalde, dirigente de Morena, tampoco ha logrado alcanzar acuerdos dentro de las estructuras del partido. El coordinador de la bancada del partido guinda, Ricardo Monreal, tampoco cabildeó de forma efectiva para evitar el rechazo de los aliados para aprobar la reforma electoral. 

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En el Senado de la República, Ignacio Mier tampoco gestionó en las estructuras aliadas en esa cámara, a diferencia de Adán Augusto López, quien convencía a los legisladores mediante las negociaciones extraeconómicas que lograba desde que fungía como secretario de Gobernación. 

Con ello, Sheinbaum está sola en medio de las disputas crecientes en el interior de la coalición de la 4T. Entre el PVEM y el PT que pretenden alcanzar sus propios beneficios para las candidaturas, y la falta de operadores políticos en su gabinete para evitar nuevas rupturas que podrían conformarse para los comicios de 2027. 

Sin la intervención directa de Andrés Manuel López Obrador, el escenario político para Sheinbaum y Morena se complejiza. El tabasqueño desempaña un rol de mando único que era indivisible, pero con la presidenta se ha evidenciado que no ejerce el control del partido. 

La ausencia de López Obrador se vincula con el desinterés de Sheinbaum de entrometerse en la política de su propia coalición. Para la presidenta es más importante la gestión gubernamental, que si bien ha sido mejor que la de su antecesor, ha descuidado la gobernabilidad de su propio partido que podría fragmentarse y provocar una derrota significativa en los comicios de 2027. 

Si bien Sheinbaum cuenta con una elevada popularidad, superior a la de su propio partido, y por ello pretendía aprovecharlo para colocarse en la boleta electoral en 2027, a nivel subnacional, el descrédito de sus gobernadores ha generado una inconformidad que tanto la oposición tradicional como la naciente en su propio partido podrían obtener. 

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