Ignacio García columna

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Ignacio García

El PRI apuesta por sobrevivir 

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) atraviesa el peor momento de su historia. Después de haber sido el partido hegemónico en el país durante siete décadas, en la actualidad enfrenta una severa crisis de representatividad, tras las derrotas electorales de 2018 y 2024. 

El tricolor, encabezado por Alejandro “Alito” Moreno, ha causado una desbandada significativa de priistas, quienes en su mayoría han migrado al Movimiento Regeneración Nacional (Morena). La fuerza política real del PRI es mínima, tanto en el ámbito parlamentario como en su capacidad de gobierno subnacional. 

En la actualidad, el PRI solo cuenta con 35 legisladores federales en la Cámara de Diputados. El tricolor incluso tiene menos representantes populares que antiguos adversarios que despreciaba, como el Partido del Trabajo (PT), que en la actualidad tiene 51 congresistas. 

En el Senado de la República, el PRI solo tiene 16 legisladores. La representación del tricolor apenas está por encima de los 14 representantes populares que alcanzó en la legislatura de 2018, por lo cual el Revolucionario Institucional se ha convertido en un partido pequeño sin capacidad real de convertirse en una oposición. 

En cuanto a las gubernaturas, el PRI en la actualidad gobierna Coahuila y Durango, la menor cantidad de entidades desde que nació el partido. Así, el tricolor se encuentra en la mayor crisis política en su historia y las elecciones del próximo año serán cruciales para su sobrevivencia. 

Alito, el destructor del PRI  

La semana pasada el PRI anunció a sus “defensores de México”, una figura retórica para disfrazar que se trata de un claro destape de sus aspirantes a los distintos cargos de elección popular para tratar de obtener la mayor cantidad de diputaciones federales en los comicios del siguiente año. 

Sin embargo, es una medida desesperada del PRI para intentar ser competitivos en las elecciones federales del siguiente año. La realidad es que el tricolor tiene una imagen negativa que provoca una desmovilización permanente de la ciudadanía para defender la existencia del instituto político. 

Los pasivos del PRI son mayores que sus activos. El principal pasivo del tricolor es Alejandro Moreno, cuya gestión al frente del partido ha sido la razón más importante de la salida de decenas de militantes que acusaron el control y concentración del poder partidista sin permitir una participación real de otros actores políticos. 

El exgobernador de Campeche solo ha dado candidaturas a su círculo de poder más cercano. Los priistas que no se alinearon a los intereses de Alito se marcharon, lo que a su vez ha causado una debacle real del partido en el entorno municipal, donde aún se mantenía competitivo. 

Los escándalos de corrupción que han rondado en torno a la figura de Alito también han impactado mediáticamente al PRI. El exmandatario estatal es señalado de haberse enriquecido como gobernador de Campeche y posteriormente por violar los estatutos internos del tricolor para mantenerse en el poder hasta 2032. 

Desde que Moreno tomó las riendas del PRI, el tricolor ha perdido 11 gubernaturas que eran bastiones del priismo. En 2021 perdió Sonora, Sinaloa, Colima, Guerrero, Zacatecas, Tlaxcala, San Luis Potosí y Campeche, mientras que en 2022 también perdió Hidalgo y Oaxaca, en tanto que en 2023 perdió el Estado de México. 

En los comicios federales de 2024, el PRI no ganó ninguna gubernatura, por lo que en la actualidad tiene las mismas gubernaturas que Movimiento Ciudadano (MC) que encabeza Nuevo León y Jalisco. La presencia del tricolor es tan deplorable que su sobrevivencia depende de los resultados electorales de 2027. 

De esta manera, el PRI enfrenta el peor momento de su vida política con una presencia raquítica que lo ubica cada vez más cerca del cementerio del sistema político mexicano y que puede seguir el camino del extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD), que en la actualidad solo tiene presencia en 13 estados del país como instituto político local. 

De todopoderoso a todo perdedor 

El PRI nació como partido oficial en 1929 por el líder máximo de la Revolución, Plutarco Elías Calles, bajo las siglas del Partido Nacional Revolucionario (PNR). Desde el momento de su nacimiento se consolidó como instituto político oficial y hegemónico que permitió la renovación del poder presidencial de forma pacífica. 

Durante el resto del siglo, el PRI ganó la presidencia de la República de forma ininterrumpida hasta que en 1988 el tricolor se fragmentó por las elecciones en las que resultó ganador Carlos Salinas de Gortari tras la denominada “caída del sistema”. 

En ese momento comenzó la debacle del PRI con las primeras alternancias políticas a nivel subnacional con las victorias del Partido Acción Nacional (PAN) en Baja California y Guanajuato, y posteriormente con el inicio de los llamados “gobiernos divididos”, al perder por primera vez la mayoría en la Cámara de Diputados en las elecciones federales intermedias de 1997. 

En ese año se efectuaron las primeras elecciones para la jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal, en las cuales ganó el PRD, y desde entonces la Izquierda ha gobernado la capital del país. 

En las elecciones federales de 2000, el PRI perdió por primera vez las elecciones presidenciales ante el PAN. Aunque parecía que el tricolor no volvería a ser competitivo, apenas 12 años después regresó a la presidencia de la República a través de la victoria de Enrique Peña Nieto. 

Después de la derrota electoral de 2006—que era la peor para el partido hasta ese momento–, el tricolor se reconfiguró y posicionó la candidatura de Peña Nieto por medio de la llamada camada conocida como “Nuevo PRI” que le permitió ganar la presidencia. 

No obstante, los escándalos de corrupción vinculados con la administración de Peña Nieto, el PRI perdió credibilidad rápidamente y esto posicionó a Andrés Manuel López Obrador para ganar la presidencia en 2018 y desbaratar al tricolor, causando una desbandada masiva de militantes. 

Los antiguos integrantes de la “mafia del poder” se evangelizaron al convertirse al rito de la “cuarta transformación”, recibiendo tanto a experredistas como expriistas y expanistas que solo tuvieron que subordinarse absolutamente a las decisiones de López Obrador. 

Así, en la actualidad, el PRI no tiene capacidad de movilización territorial, pues las estructuras internas las tiene Morena y por ello ha dejado de ser un instituto político competitivo para las contiendas electorales tanto a nivel municipal como subnacional y federal. 

Despreciado por sus aliados  

Después de la derrota electoral de 2024, el PAN decidió romper la alianza con el PRI, al reconocer que su electorado consideró que se trataba de una traición la unión con el partido que combatió el blanquiazul durante años, y por ello el nuevo dirigente nacional de Acción Nacional, Jorge Romero, dijo que participarían en las contiendas electorales de forma solitaria. 

En su momento, Alito pidió al PAN reconsiderar su postura, al asegurar con estas medidas se fragmentará la oposición, pero ante la negativa de los panistas, el líder del tricolor afirmó que competirían de forma solitaria y que no necesitaban a otro partido político, aunque hasta la dirigencia de Movimiento Ciudadano (MC) se ha burlado de los resultados paupérrimos que ha tenido el PRI. 

Incluso otros personajes vinculados con la oposición han despreciado unirse al PRI y optaron por formar otras organizaciones políticas como “Somos México”, que si bien cuenta con varios ex priistas, varios de ellos fueron relegados por la gestión de Alito Moreno para obtener alguna candidatura. 

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