El expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), volvió a reaparecer el fin de semana pasado en la escena pública. En esta ocasión, el exmandatario federal pidió una colecta para apoyar económicamente a Cuba, que enfrenta una severa crisis de hidrocarburos tras el cese de los envíos de hidrocarburos de Venezuela.
En menos de año y medio de la administración de Claudia Sheinbaum, el expresidente ha aparecido en tres ocasiones en la escena pública. La primera fue para presentar su libro titulado “Grandeza”, en el cual realizó una reinterpretación sobre la conquista de España al extinto imperio Mexica.
La segunda ocasión fue para posicionarse públicamente sobre la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela el pasado 3 de enero, cuando fue capturado el expresidente de la nación sudamericana, Nicolás Maduro, y pidió al mandatario de la Unión Americana, Donald Trump, no violar la soberanía de los países latinoamericanos.
La última fue para tratar de posicionarse como la brújula moral de la izquierda en América Latina y apoyar humanitariamente a Cuba, que ha padecido un embargo extremo por parte de Estados Unidos en los últimos años. Si bien sus apariciones no se han vinculado directamente con la política mexicana ni con el quehacer de la presidenta Sheinbaum, su sola presencia pública ha configurado una sombra al poder de Palacio Nacional.
Sheinbaum, entre Trump y López Obrador
La presidenta de México ha intentado lidiar con los arrebatos emocionales de su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump. El inquilino de Washington decidió derrumbar al régimen castrista en Cuba. Y para ello ha amenazado a cualquier país que provea apoyo a la isla, por lo cual México tuvo que dejar de donar petróleo a ese país para evitar nuevos aranceles.
La mandataria cambió la estrategia y decidió enviar barcos de ayuda humanitaria con alimentos de diferentes tipos para atender a la población de escasos recursos económicos. Y con ello mantener su vocación de ayuda significativa a Cuba que ha mantenido México desde hace años.
Mientras que desde Palenque, López Obrador considera que es fundamental que el gobierno mexicano ayude a su homólogo cubano, debido a que ambos supuestamente son “representantes de la Izquierda”. La intención del exmandatario es tratar de cobijar al régimen cubano en uno de los momentos más oscuros que vive al Castrismo.
Según la mirada de López Obrador, su función ahora es convertirse en un líder moral de la izquierda en América Latina y por ello ha aparecido para posicionarse en defensa de Venezuela y Cuba. Sin embargo, su última aparición puede volver a colocar en una situación incómoda a Sheinbaum frente a las negociaciones del T-MEC con Trump.
Mientras que la presidenta debe mantener una buena relación con Washington, dada su naturaleza caótica, también debe continuar con el legado de López Obrador, quien ha intentado que el gobierno de México no desista en sus intenciones de apoyar al régimen de Cuba.
El principio de la autodeterminación de los pueblos que tanto presumió el tabasqueño durante su sexenio fue una falacia. Solo en aquellos países donde la Izquierda gobernó decidió no involucrarse, mientras que en aquellas naciones gobernadas por la Derecha fue completamente mordaz.
AMLO, tan cerca de Díaz Canel y tan lejos de Mújica
Para López Obrador, la intención es convertirse en una figura moral de la Izquierda, manteniendo la cercanía entre México y Cuba. La nación con la que ha tenido mayor acercamiento el país en este siglo—a excepción de Estados Unidos—ha sido la nación controlada por el régimen castrista.
La pretensión de López Obrador es consolidarse en un referente moral como en su momento lo fue José Mujica, el expresidente de Uruguay, quien sirvió como una voz autorizada para abordar diferentes puntos sobre las problemáticas que padecía América Latina.
Sin embargo, a diferencia de Mujica, López Obrador impulsó el retorno del súper presidencialismo mexicano, con la concentración y centralización del poder, la eliminación de instituciones autónomas, y permitir de forma cínica los actos de corrupción entre sus seguidores a cambio de su absoluta lealtad.
Un personaje que permitió que su descendencia se convirtiese en multimillonarios, que polarizó al país enfrentándose a periodistas, científicos, activistas, artistas, empresarios, entre otros, no puede vincularse con la figura de Mujica.
Mientras que el exmandatario uruguayo fue guerrillero y combatió a la dictadura, López Obrador se formó en el régimen del partido hegemónico—el Partido Revolucionario Institucional (PRI)—y posteriormente utilizó el discurso populista de Luis Echeverría para tratar de ganar adeptos de las clases populares.
En tanto que Mujica priorizó la defensa de la democracia y condenó las dictaduras en la región, López Obrador ha manifestado su apoyo a las dictaduras, con encuentros con Maduro y con el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, representante de la dictadura más duradera del continente.
Su cercanía con Díaz-Canel lo aleja más de Mujica. La postura de AMLO, si bien puede ser benéfica para la ciudadanía cubana, no garantiza mecanismos transparentes para que exista una renovación presidencial democrática en la isla y con ello se permita una mejora en la calidad de vida de millones de personas.
El peligro de la sombra que regresa
Andrés Manuel López Obrador fue el presidente más poderoso de México en este siglo. Su concentración de poder fue indudablemente superior a la de sus antecesores y por ello su liderazgo permitió la continuación de su proyecto político con la victoria de Claudia Sheinbaum en 2024.
La fuerza política de López Obrador fue tal, que entre diferentes comentaristas se especuló sobre un nuevo “Maximato”, en referencia al modelo que implementó Plutarco Elías Calles para colocar a Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez en la presidencia de la República pero que se sometían a las decisiones del entonces jefe máximo de la Revolución.
Sheinbaum ha gozado de cierta independencia, pero debe mantener el legado obradorista en cuanto a las estructuras políticas que consolidó, aunque esto representa un costo político mayor para la mandataria federal, como la permanencia de Adán Augusto López o las alianzas con el clan Yunes.
Según López Obrador, se retiraría de la vida pública del país tras dejar la presidencia. No obstante, en menos de 18 meses de la administración de Sheinbaum ha aparecido en tres ocasiones y cada una representa distintos mensajes políticos que pueden incomodar la gestión de la presidenta.
A diferencia de otros expresidentes —quienes recién terminan su encargo—y que caracteriza un silencio absoluto, AMLO al ser un actor meramente político no puede ni quiere dejar de hacer política, ya que ha sido su única actividad, y por ello aprovechará cualquier situación para volver a aparecer.
Así, el tabasqueño rompe el pacto tradicional que había caracterizado a los ex presidentes y que se consolidó desde el viejo régimen del PRI. Algunos optaban por irse a viajar al extranjero o a dar clases en otra nación, pero no decidían intervenir directamente en los asuntos públicos del país.
Aunque AMLO ha dicho que solo se involucrará en la política nacional para defender al país y a Sheinbaum, sus mensajes tienen una elevada carga política que también envía a Palacio Nacional para informar que las candidaturas no podrán ser definidas sin el consentimiento del fundador del Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
Apéndice: Claudia Sheinbaum se encuentra en un nuevo conflicto de resolución entre las demandas de Trump y las necesidades de López Obrador, en medio de una creciente tensión en la coalición política gobernante que ha vuelto a evidenciar sus fracturas.
Te puede interesar:
dando clic en el periódico