La semana pasada el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro Moreno Cárdenas “Alito” y el presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República, Gerardo Fernández Noroña, protagonizaron un episodio que retrata la podredumbre de la política mexicana.
El exgobernador de Campeche y el exaspirante presidencial se enfrascaron en un conflicto físico. Esto ocasionado por la supuesta negativa de Fernández Noroña para darle la palabra en la sesión de la comisión permanente en el Senado de la República, donde “Alito” aventó al representante de Morena.
El enfrentamiento físico sólo puede ser condenable, pero exhibe una radiografía de la situación política mexicana que se ha polarizado y que ha dejado el debate y el diálogo legislativo en segundo plano para priorizar los gritos, ofensas y acusaciones mutuas.
Para seguir aumentando el circo mediático, Emiliano González, colaborador de Noroña, apareció frente a los medios de comunicación horas después de la trifulca supuestamente con un collarín y vendado de un brazo. Como si el empujón que le propinó Alejandro Moreno al intentar defender a su jefe le hubiera causado semejante daño.
Noroña pidió iniciar el proceso de desafuero de “Alito”, después de la denuncia penal por lesiones que interpuso ante la Fiscalía General de la República.
Mientras que “Alito” pidió a la Secretaría de Gobernación inscribirse en el Mecanismo de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, como si se tratara un perseguido político.
Así, ambos personajes intentaron victimizarse para seguir aumentando el espectáculo patético que protagonizaron dos de los personajes más indeseables dentro de la política mexicana, acusados de vivir de forma vitalicia en el erario
Un provocador profesional
Gerardo Fernández Noroña es un parlamentario recurrente en el Congreso de la Unión. Su carrera política se ha caracterizado pro protagonizar diferentes escándalos en la tribuna. Como cuando confrontó abiertamente al entonces secretario de Trabajo y Previsión Social (STPS) en el gobierno de Felipe Calderón, Javier Lozano -otro impresentable de la política mexicana-.
Después, como supuesto activista, lo desalojó la Policía de la Ciudad de México cuando se manifestaba afuera del Senado de la República en contra de la reforma de telecomunicaciones.
En 2018, como diputado federal, nuevamente retó al entonces presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo. Al político lo trató de intimidar quitándose la chamarra.
En febrero pasado, ya como senador, se enfrascó en un enfrentamiento con estudiantes del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Esto luego de que lo increparon por tratar de minimizar los macabros hallazgos de ropa y zapatos en el rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco.
Además de esas reprobables expresiones de Noroña, se suma al poder que ejerció contra un ciudadano. Y es que obligó a Carlos Velázquez de León a disculparse públicamente por haberlo insultado en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, hecho inédito en la historia legislativa del país.
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Aunque el legislador federal se ha identificado como “marxista”, ha mantenido una vida muy distinta a la que supuestamente se adhiere ideológicamente. En reiteradas ocasiones ha aparecido presumiendo un estilo de vida muy distinta a alguien que criticó los lujos de la clase política mexicana.
Esto incluye viajes al extranjero en aviones de primera clase y la propiedad valuada en más de 12 millones de pesos. Una que supuestamente compró con sus ingresos como senador y como “youtuber”. Esto pese a que recibir donativos en redes sociales está prohibido para cualquier servidor público.
El exmilitante del Partido del Trabajo (PT), criticado por la base militante de haber traicionado al partido, también se ha enfrascado en constantes escándalos mediáticos con la senadora panista, Lilly Téllez, a quien ha amenazado con demandarla.
Como presidente del Senado en el último año ha actuado como un militante provocador que ha insultado y criticado a sus compañeros de escaños. Esto pese a que su función como responsable parlamentario tendría que caber la mesura y el profesionalismo.
La vieja escuela del porrismo político
Alejandro Moreno Cárdenas es otro personaje sumamente cuestionado tanto por propios como por extraños. El dirigente nacional del PRI rápidamente se convirtió en uno de los personajes más impresentables de la política mexicana. Esto al evidenciarse los presuntos actos de corrupción como gobernador de Campeche denunciados por su sucesora, Layda Sansores.
Su gestión como dirigente partidista, causó la mayor derrota electoral del PRI en su historia. También una desbandada masiva de algunos de sus principales cuadros que decidieron abandonar el partido al acusarlo de autoritario.
Los expriistas como el exsecretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, lo acusaron de otorgar candidaturas y espacios a una camarilla. Esto sin permitir que el resto de los antiguos cuadros priistas tuvieran acceso a candidaturas.
El líder del PRI también se burló de los periodistas al asegurar que no se les debía matar a balazos, sino “de hambre”. Además, el ex gobernador de Campeche presumió un lujoso Lamborghini, valuado en más de 12 millones de pesos, cuestionables para su capacidad de ingresos.
De la misma manera, Layda Sansores lo acusó de obligar a las diputadas priistas de enviarles fotografías para que les concediera espacios de poder dentro del partido. Aunado a lo anterior, reformó de forma unilateral los estatutos internos del partido para permitir su reelección casi indefinida hasta 2032.
Pese a que su partido tuvo una vergonzosa derrota electoral en 2024, se colocó en el primer lugar de la lista de plurinominales. Por ello se mantiene vigente como representante popular, aunque también hay investigaciones de la FGR en contra de su hermano, Emigdio Gabriel, por una serie de transacciones a empresas fachadas.
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Apéndice: El pleito entre Noroña y Alito demuestran una crisis de la clase política mexicana que requiere de verdaderos representantes populares. Unos que garanticen la lucha de los intereses de la sociedad y no utilicen la tribuna para alusiones personales o para enriquecerse de forma inexplicable.
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