El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pretende derrocar a Nicolás Maduro. Su principal regalo navideño será la caída del dictador sudamericano, quien se ha encumbrado en el poder en su nación desde hace más de 12 años con intenciones de mantenerse de forma vitalicia.
El mandatario estadounidense ha advertido sobre sus pretensiones de derrumbar al régimen de Maduro. Para ello ha movilizado a diferentes buques de guerra cerca de las costas venezolanas, después de considerar al Cártel de los Soles como una organización terrorista—similar a la que integró a los grupos de drogas mexicanos—pero, con firme intención de derrotar al presidente venezolano.
Trump ha anunciado una política injerencista en América que la prensa norteamericana ha catalogado como la doctrina “Donroe”, en alusión a la doctrina Monroe, impulsada en 1823, con el principio determinista de “América para los americanos”, supuestamente para frenar la intervención europea en el continente, pero que también le daba la tutela a Estados Unidos para controlar las políticas internas de distintas naciones del cono sur.
La política exterior que ha dado a conocer Trump es más agresiva. Ha advertido que el gobierno de Estados Unidos tendrá decisiones directas en los contratos de obras públicas que desarrollen los gobiernos de la región. Esto para evitar que empresas chinas sean beneficiadas.
Desde la Casa Blanca, la intervención de China representa una amenaza a la hegemonía de los intereses norteamericanos. Por lo cual ha iniciado una política más agresiva para evitar el paso de las empresas asiáticas en distintos contratos en el hemisferio occidental.
En la región paulatinamente lo está logrando. Primero con el acercamiento—sometimiento—de Javier Milei en Argentina, y recientemente con las victorias de las corrientes más conservadoras en Bolivia y Chile. Pero su principal obstáculo en la zona es Venezuela, que mantiene una extrema cercanía con China y Rusia.
La amenaza de una guerra
Las políticas injerencistas de Trump han generado incertidumbre en la comunidad internacional sobre la posibilidad de una intervención militar directa en Venezuela para derrocar a Maduro y beneficiar a la recién galardonada con el Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, quien implícitamente ha dejado en claro que está a favor de este tipo de operaciones.
Aunque la historia norteamericana muestra los fracasos de las intervenciones militares en diferentes países, como sucedió en Vietnam, Afganistán e Irak. El gobierno de Trump podría optar por una operación implícita que cause la salida de Maduro del Palacio de Miraflores.
Las operaciones militares de Estados Unidos podrían desembocar en una guerra civil que podría posicionar a un nuevo régimen dictatorial. En Venezuela, este siglo no se ha vivido democracia, y los vacíos de poder que deje Maduro y su camarilla podrían ser ocupados por otros grupos políticos que podrían causar mayor inestabilidad en esa nación.
En sus constantes amenazas, Trump ha referido que Maduro se ha negado a aceptar las condiciones que trata de imponer Estados Unidos. Esto podría acelerar las operaciones de salida del gobierno venezolano. El cual está cada vez más acorralado por la ausencia de apoyo abierto de los gobiernos de China y Rusia. Los cuales no están dispuestos a interceder directamente en una refriega bélica con la Unión Americana por Venezuela.
El gobierno de Maduro carece de cualquier tipo de legitimidad. Es un personaje poco inteligente que a diferencia de su antecesor, Hugo Chávez, se ha convertido en un actor populista pragmático que tiene escasa capacidad de negociación. Y por ello ha recurrido a ejemplos patéticos para evitar las operaciones militares estadounidenses como cantar la canción “Imagine” de John Lennon.
América Latina se alinea con Trump
El apoyo de la región podía representar un salvavidas para Maduro, pero las derrotas electorales de los gobiernos de Izquierda han causado una alineación inmediata de los nuevos presidentes sudamericanos a las políticas intervencionistas de Washington, como sucedía en el periodo de la Guerra Fría.
Javier Milei ha sido uno de los principales defensores en América Latina del gobierno de Trump. Ha instado una posible intervención militar en Venezuela, para retomar la “democracia” en esa nación. También el nuevo presidente electo de Chile, José Antonio Kast, también se ha pronunciado a favor de las políticas norteamericanas.
De la misma manera, el nuevo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, ha dicho que es necesaria la intervención de Estados Unidos para garantizar la renovación pacífica del poder en Venezuela. Asimismo, el polémico presidente de El Salvador, Nayib Bukele, autonombrado como “el dictador más cool del mundo”, ha aplaudido al gobierno de Trump.
En el caso de Brasil, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha reculado en su enfrentamiento con Estados Unidos. Esto debido a que ha optado por el control arancelario, por los múltiples intereses comerciales en el cono sur del continente.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, parece convertirse en el siguiente en el blanco de las acusaciones de Trump. El republicano ha acusado al mandatario sudamericano de ser uno de los responsables del envío de miles de toneladas de drogas hacia Estados Unidos. Esto en clara referencia a los envíos de mariguana y cocaína que ocurrían con los grandes cárteles colombianos en las décadas de los ochenta y noventa.
México atado de manos
En el caso de México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha manejado una tibia defensa a la soberanía de las naciones. Por un lado, ha tratado de atajar las distintas críticas que se han suscitado por el incremento de la violencia en el país. Y por el otro, tratar de posicionarse como la lideresa de la región.
La mandataria mexicana está atada de manos. Al igual que Brasil no puede confrontarse abiertamente con Trump, debido a la multiplicidad de intereses económicos y comerciales entre ambos países, por lo que finalmente optará por una tibia respuesta.
Trump desea consolidar su liderazgo en el continente con la caída de Maduro. Y para ello ha logrado alinear a las principales naciones de la región para que apoyen las medidas que sean necesarias para provocar la derrota del dictador sudamericano. Aunque paradójicamente no ha dicho nada sobre la otra dictadura que vive Nicaragua con Daniel Ortega. Y también ha mantenido escasos comentarios en contra del régimen cubano.
Así, parece que Estados Unidos ha comprendido que no logrará interrumpir la guerra entre Rusia y Ucrania, que está a punto de cumplir cuatro años. En tanto que tampoco podrá evitar por mucho tiempo la presencia de China en Taiwán, que también mantiene una política anexionista en Asia, y por ello prefiere tener el control de América.
Desde la Casa Blanca consideran que los gobiernos demócratas han sido sumamente blandos. Y por ello permitieron la intervención permanente de los chinos y rusos en América. Por lo cual ahora tratan de apostar por expulsar a las empresas adversarias de la zona.
Apéndice: Para Estados Unidos, es crucial para mantener su disputa geopolítica el control de sus zonas de influencia. Y Venezuela es un punto estratégico, no por los recursos petroleros, sino por la capacidad de reducir a su mínima expresión a los adversarios de la potencia norteamericana.
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