Ignacio García columna

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Ignacio García

El Estado espía

El primer gobierno de la “Cuarta Transformación” siguió con las prácticas del pasado, pues la Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D) evidenció la semana pasada que, durante el primer año, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador hizo espionaje contra periodistas y activistas de México a través del malware Pegasus, las mismas acciones que tanto reprobó de sus antecesores. 

Entre el 29 de abril y 10 de mayo de 2019, el gobierno de México espió a 456 personas que sufrieron pirateo de sus celulares. Representaron el 37 por ciento del total de los dispositivos tecnológicos intervenidos por diferentes naciones, mediante el programa elaborado por la empresa israelí. 

Aunque el exmandatario federal rechazó en varias ocasiones que su administración incurriera en espionaje contra los opositores. La organización detalló que México fue el primer lugar a nivel mundial con el mayor número de personas que habían sido espiadas por medio de sus teléfonos celulares. 

El espionaje no es nuevo en México

Pese a que el espionaje no es nuevo en México, desde 2011, en la administración de Felipe Calderón comenzó a contratarse una red de espionaje por medio del malware. El cual sólo pueden comprar los gobiernos para conocer las actividades y movimientos de periodistas y activistas que son críticos al régimen. 

Sin embargo, fue hasta 2016 cuando se evidenció que México era uno de los principales compradores de la empresa NSO Group durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Dicho gobierno llevó al sistema de espionaje a otro nivel, con más de 11 mil números telefónicos intervenidos por la Sedena y la entonces PGR. 

En ese momento, López Obrador, siendo el principal líder de la oposición, acusó a Peña Nieto de espiar a periodistas y activistas. Afirmó que este tipo de prácticas no ocurrirían en su sexenio. Sin embargo, al menos en el primer año de la administración de la “4T”, continuó el espionaje a opositores. 

Estos datos se revelaron la semana pasada, después de que Whatsapp acusó a la empresa NSO Group de vulnerar los sistemas operativos y técnicos de la red social para intervenir teléfonos celulares, computadoras y tabletas, con las cuales tenían acceso a la información de las personas. Dichas acciones, en México, las realizaba el Centro Militar de Inteligencia de la Sedena, instancia que ha sido desconocida por el gobierno federal. 

“No es espionaje, es inteligencia” en México  

El 10 de marzo de 2023, la periodista Nayeli Roldán, de Animal Político, cuestionó a López Obrador en su conferencia de prensa mañanera sobre el uso del sistema Pegasus para espiar. El expresidente negó un espionaje y aseguró que eran labores de inteligencia. 

Según el tabasqueño, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) —que modificó el extinto Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen)— sólo realizaba labores de inteligencia para identificar los movimientos del crimen organizado. 

No obstante, el Cisen que a su vez es heredero de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la famosa policía política creada en el sexenio de Miguel Alemán Valdés. Se caracterizó por espiar a periodistas, activistas y políticos opositores al régimen, durante el contexto de la “Guerra Fría”. 

Los alegatos del expresidente no fueron suficientes para contrarrestar las pruebas presentadas por la periodista. No tuvo más opción que desacreditar al medio de comunicación que representaba. Al cual calificó como “chayotero” por recibir contratos en el gobierno de Peña Nieto. Sin embargo, ese mismo medio fue uno de los más críticos en la administración del último priista, con la publicación del famoso reportaje conocido como “La estafa maestra”. 

El expresidente nunca aclaró por qué el Estado mexicano seguía espiando a sus opositores. En cambio, dedicó toda una conferencia de prensa a atacar a Animal Político. También a la prensa crítica, a la cual calificó de “chayotera, vendida, neoliberal, conservadora, facha”, entre otros sobrenombres que popularizó entre su base de seguidores. 

Para la 4T, importa más la semántica que los hechos. López Obrador insistió en que hubo inteligencia y no una red de espionaje. Algo similar hizo la presidenta Claudia Sheinbaum, al llamar al rancho Izaguirre, de Teuchitlán, un centro de entrenamiento y no un centro de exterminio. Aunque prácticamente cumplía ambas funciones. 

Una larga historia del “Big Brother” 

La obsesión de espiar no es nueva. En 1949, George Orwell hizo referencia a la necesidad de conocer los movimientos de todos, en todas partes. A través del llamado “Big Brother” en su popular novela “1984”.

Años después, otros autores como Michel Foucault ampliaron su visión sobre este concepto con el célebre “Panóptico”. El cual ayuda a comprender un sistema de vigilancia permanente que puede ser ejercido por el Estado en todas sus expresiones. 

En México el espionaje se cristalizó de forma más clara a través de la creación de la DFS, una institución temida por espiar a los adversarios del PRI. Periodistas como Julio Scherer y Miguel Ángel Granados Chapa dieron cuenta de cómo el Estado espiaba todos sus movimientos e intervenía sus redes de comunicaciones, en específico, antes y durante el golpe a Excélsior en 1976. 

Pero en 1968, esta sofisticada red de espionaje permitió al Estado mexicano conocer los movimientos de los estudiantes integrantes del Consejo Nacional de Huelga (CNH). Eso desencadenó la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. 

Así, durante la década de los setenta, en la “guerra sucia”, la DFS se encargó de espiar y desaparecer a integrantes de grupos de izquierda. Sucedió con quienes formaron parte de las guerrillas de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, así como de la Liga 23 de Septiembre. Posteriormente, dicho sistema fue usado como instrumento de represión en el Distrito Federal, durante el sexenio de José López Portillo. 

La evolución con Pegasus 

Fue hasta el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, cuando la DFS quedó rebautizada con la denominación de Cisen. Así sucedió después por su desgastada imagen, aunque siguió desempeñando las mismas funciones de espionaje. 

Vigilar los movimientos de perfiles críticos siguió como una norma federal, para evitar alguna situación que vulnerara los intereses del gobierno mexicano. El cambio más visible se hizo a través de Pegasus, sistema que facilitó las formas de espionaje y tener acceso a todos los datos digitales de los espiados. 

Apéndice: Con el pretexto de la seguridad nacional, los gobiernos han tomado licencias para vulnerar derechos humanos básicos de personas que son indispensables para una sociedad democrática, como los opositores y críticos. Su presencia favorece a la pluralidad y diversidad de ideas que pueden ayudar a construir un país más informado y justo. 

Las opiniones y análisis de los columnistas no necesariamente reflejan el punto de vista de esta casa editorial.       

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