Donald Trump ha regresado a la presidencia de Estados Unidos, siendo un gran problema para la migración.
Después de su apabullante victoria electoral el pasado 5 de noviembre, el empresario y criminal convicto retoma sus funciones en la Casa Blanca con la promesa de deportación de más de 11.5 millones de migrantes que radican en la Unión Americana.
El gobierno de México, encabezado por Claudia Sheinbaum, debe enfrentar el mayor reto de su administración federal al tener que lidiar con un personaje tan volátil y emocional que se caracteriza por actuar como un amedrentador y un agresor, en lugar de un jefe de Estado. La mandataria mexicana tendrá que actuar de la forma más inteligente en los siguientes cuatro años.
El presidente norteamericano asegura que los migrantes “han invadido” a Estados Unidos. Los califica implícitamente como los principales responsables de la violencia e inseguridad del país.
Aunque ninguno de sus dichos es respaldado por datos y evidencias, sus simpatizantes, en su mayoría personas con bajos niveles educativos, aplauden sus acusaciones contra la comunidad migratoria.
El retorno de Trump está acompañado de más venganza. Desde hace días ha tratado de intimidar a sus aliados comerciales. Primero atacó a Canadá y afirmó que tendría que convertirse en el quincuagésimo primer estado de la Unión Americana. Posteriormente arremetió contra México al afirmar que impondría aranceles para los productos mexicanos que son comercializados en ese país.
Las amenazas del mandatario estadounidense también se extendieron a Europa. Manifestó la intención de comprar Groenlandia para ampliar los dominios de Estados Unidos ante el avance de China. El empresario pretende combatir al gigante asiático con una nueva guerra fría comercial más directa que la que se suscitó en su primer cuatrienio.
En México, las amenazas de Donald Trump por los migrantes y el narcotráfico no pueden menospreciarse. La presidenta Sheinbaum no se ha dejado intimidar.
Y si bien México no está en las mismas condiciones económicas para negociar con Estados Unidos, ella mostró que no tendrá una posición sumisa ante el “bullying” del empresario norteamericano.
La relación de Trump con anteriores gobiernos
Aunque la intención de Donald Trump sobre repatriar a más de 11.5 millones de migrantes en los próximos cuatro años es inviable económica y políticamente, habrán deportaciones masivas en las que miles de familias quedarán separadas. A los menores de edad los podrían trasladar a “supuestas guarderías”, que son más cercanas a jaulas, como sucedió en el primer gobierno de Trump.
La mayoría de los migrantes indocumentados de Suramérica serán enviados a México. El gobierno federal enfrentará una crisis migratoria sin precedentes. El papel de la autoridad mexicana será tratar de atender a las y los mexicanos repatriados, manteniendo también un control en la frontera sur.
A diferencia de la relación que mantuvo Trump, primero con Enrique Peña Nieto y luego con Andrés Manuel López Obrador, en esta ocasión la vinculación con Claudia Sheinbaum será particular. La mandataria es vista como una jefa de Estado que no está dispuesta a aceptar las imposiciones del gobierno norteamericano.
En el final del sexenio de Peña Nieto, Donald Trump constantemente aprovechó su baja popularidad para minimizarlo e incluso burlarse de él. Con López Obrador la relación fue igual de sumisa pero fraterna. Ambos personajes comparten características políticas como el populismo que los posicionó en sus respectivos países. Sin embargo, Claudia Sheinbaum ha mostrado, al menos por el momento, más firmeza.
La crisis en migración y el papel de México ante Trump
La forma en la que el gobierno mexicano deberá atender el problema de la repatriación masiva de miles de personas, y las amenazas latentes de Trump por imponer aranceles si no controla la migración, pueden ser algunos de los desafíos más complejo que deber afrontar Sheinbaum.
Cuando Trump amagó con imponer aranceles a México en su primer mandato, López Obrador envió a la Guardia Nacional a realizar labores de policía fronteriza. Eso impedía el paso de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos.
Esto puede volver a suceder con Sheinbaum, quien, pese a su posición valiente de la defensa nacional, está en desigualdad de condiciones para negociar. Es probable que refuercen los operativos de control de fentanilo y detención de distintos capos, para tranquilizar a su vecino del norte y, sobre todo, evitar amenazas de invasión.
El verdadero problema para Claudia Sheinbaum y la 4T
La llamada “Cuarta Transformación” que encabezó López Obrador es una narrativa similar al “Make America Great Again” de Donald Trump. Ambos discursos están suscritos en la historia nacional. Uno, como parte de una secuenciación histórica que llama a un cambio de paradigma, mientras que el otro por el reencuentro con una supuesta pérdida de liderazgo internacional que consolida el posicionamiento del gigante americano.
La “4T”, que en realidad no ha encontrado ninguna oposición real en México, debe enfrentar un escenario más complejo con el regreso de Trump a la Casa Blanca. Con una visión más vengativa y con mayor poder político, el mandatario implica una amenaza constante a un régimen que pretende arraigarse en el país.
Trump amaga con una invasión “ligera” en México, violando la soberanía nacional. Al declarar a los cárteles de las drogas como organizaciones terroristas, el Congreso de Estados Unidos permitirá al presidente estadounidense enviar tropas. Esto sin duda puede ser una crisis histórica para la 4T, que debe tratar de calmar los ánimos del incómodo vecino.
Si el gobierno de Claudia Sheinbaum no es capaz de frenar que se cumplan las amenazas de Trump, podría ocurrir el fin electoral del movimiento de “transformación”.
Sin embargo, la presidenta puede aprovechar un discurso de que Estados Unidos atenta contra el nacionalismo mexicano. Serviría para establecer una unidad nacional, contra los amagos del mandatario estadounidense.
Pero Sheinbaum no es la única que debe lidiar con un personaje tan emocional, sino también el mundo entero. Los jefes de Estado de las principales naciones tienen que soportar a un individuo que constantemente implica una amenaza para las libertades y los derechos humanos.
Con su regreso a la Casa Blanca, el gobierno mexicano debe esperar que haya acusaciones falsas, sin evidencias, por parte de Trump. Xenofobia, racismo, discriminación y clasismo serán parte del estandarte comunicativo de la Casa Blanca hacia México. Estas conductas representan a un sector de la sociedad estadounidense que sigue concibiendo al mundo con tales niveles de ignorancia.
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Apéndice: México fue el país más mencionado por Trump en su discurso inicial como presidente de Estados Unidos. El odio del republicano es más visible en esta nueva etapa de gobierno en la que decidió no reservarse nada y seguir con una narrativa más electoral que presidencial.
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