Las diputaciones y senadurías plurinominales que fueron integradas tras la reforma política electoral de 1977, impulsada por el entonces presidente de México, José López Portillo, parecen llegar a su fin, pues la actual mandataria federal, Claudia Sheinbaum, anunció que en febrero enviará el Congreso de la Unión una nueva reforma política-electoral para la eliminación de esta figura legislativa.
La presidenta ha señalado, con razón, que existieron cotos de poder de los partidos políticos para distribuirse las plazas entre las cúpulas.
El dejo de corrupción que está asociado a la figura de la representación proporcional puede convertirse en uno de los sellos distintivos que la llamada “4T” busca aprobar como parte del paquete de reformas constitucionales que intentan adicionar a la Carta Magna. La diferencia con las anteriores reformas es que se trata de una autolesión para Morena y sus aliados.
La modificación constitucional que enviará al Poder Legislativo el 5 de febrero pretende la eliminación de las figuras de las diputaciones y senadurías plurinominales, así como de la reelección legislativa.
Con esto emula a su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien hizo lo propio al presentar su paquete de reformas constitucionales el día de la promulgación de la última constitución mexicana en Querétaro.
La eliminación de las diputaciones plurinominales afectaría a la propia 4T
Con esa modificación constitucional, personajes como Gerardo Fernández Noroña, Ricardo Monreal y hasta Adán Augusto López, por mencionar algunos, no podrán permanecer indefinidamente en el Congreso de la Unión, como ha sucedido.
Monreal es uno de los personajes más añejos del ámbito legislativo, quien ha saltado entre ambas Cámaras. Lo mismo que el caso de Fernández Noroña. Tentativamente, no podrían seguir viviendo del erario legislativo.
Pero la eliminación de las diputaciones plurinominales también golpearía a aliados históricos de la 4T como Manuel Velasco. El exgobernador dejaría de cobrar en el Congreso, tras ser en dos ocasiones legislador federal. Lo mismo sucedería con otros perfiles que lograron consagrarse en la denominada “Cuarta Transformación”.
Sin duda, habrá que esperar a la configuración de la reforma constitucional. La pretensión de eliminar las plurinominales y reelección de diputado es sumamente atractiva mediáticamente. Pero la realidad es que faltaría leer las letras “pequeñas” de la modificación constitucional para observar los detalles.
Los plurinominales como sinónimo de corrupción
Desde la reforma constitucional de López Portillo, en 1977, la figura de los legisladores plurinominales ha sido vista como un sinónimo de corrupción. Incluso, entre los propios representantes populares se comparan y demeritan mutuamente por la forma en la que arribaron a sus respectivas curules.
Quienes llegaron al Congreso por la vía de “mayoría relativa”, es decir, por voto directo, se consideran superiores a los plurinominales. Suelen emplear esta narrativa para tratar de desprestigiar a sus compañeros. No obstante, ambos tipos de representantes tienen los mismos derechos y obligaciones.
Con la 4T, la descalificación ha sido mayúscula. Los legisladores federales emanados de la representación proporcional son señalados como corruptos y cuestionan su legitimidad, al no llegar por el voto directo por la ciudadanía. Pero el detalle radica en que las personas sí votaron por ellos, al votar por un partido político.
Muchos provienen de una fuerza proporcional de partidos políticos que, si bien no consiguieron la victoria electoral, tienen el fin de representar a otros sectores de la sociedad en la heterogeneidad parlamentaria.
Cualquier país democrático no puede configurar un Congreso sin diversidad de voces y expresiones políticas. La práctica parlamentaria radica en la discusión de todos los sectores de la sociedad que deben estar representados. Y por ello los partidos políticos, en el “deber-ser”, tiene que fungir como vehículos de las ideas ciudadanas.
La eliminación de las diputaciones plurinominales, como Morena originalmente pretendía imponer, implica un retroceso significativo a los logros construidos durante años de lucha civil y política para alcanzar la mayor representatividad política y parlamentaria en el Congreso.
Es cierto que los partidos políticos han tergiversado la figura de plurinominales. En el último proceso electoral, los dirigentes de la oposición como Marko Cortés y Alejandro Moreno alcanzaron escaños en el Senado a través de esta vía. Pese a que son dos de los personajes más cuestionados públicamente y a quienes incluso rechazan las militancias de sus partidos, aprovecharon las prebendas del sistema actual para colocarse en los primeros lugares de la lista plurinominal.
La reelección no especializa; corrompe y solapa
La eliminación de las diputaciones plurinominales ha generado un debate articulado en el sector académico. Principalmente entre los estudios de la Ciencia Política. Sin embargo, el caso de la reelección también entra en la arena pública con una amplia controversia.
La figura de la reelección legislativa estaba prohibida en México desde la reforma constitucional de 1934. Sin embargo, la modificación impulsada en 2014, con el llamado “Pacto por México”, volvió a permitir la reelección de legisladores con el argumento de que esto garantizaría la especialización de los representantes populares.
Los defensores aseguran que la reelección legislativa es un proceso de evaluación. La ciudadanía vota nuevamente por su representante popular si éste realizó una labor efectiva en su distrito o demarcación. Además, permite la especialización de quienes se dedican a la labor parlamentaria.
Sin embargo, en el caso de México, dicha figura no está asociada al componente de evaluación. Quienes ganaron en los comicios de 2018, 2021 y 2024 no lo hicieron por una labor eficiente, pues incluso la ciudadanía desconocía quiénes eran sus representantes populares. Más bien, lo hicieron por la ola en favor de Morena, y principalmente por el impulso de la figura de Andrés Manuel López Obrador.
Así, la justificación de contar con mejores representantes populares es contraria a la realidad. Los legisladores pueden perdurar años o hasta décadas viviendo del erario, sin realmente contar con el respaldo popular. Así sucedió con Manlio Fabio Beltrones, en el PRI, pero ahora también ocurre con otros personajes similares en Morena.
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Apéndice: El tiempo de fabricación de la reforma de Sheinbaum deja más incógnitas sobre las verdaderas intenciones de eliminar a los plurinominales y la reelección legislativa. Figura como un sello distintivo de la propia presidenta que podría separarse de la propuesta original de López Obrador. Incluso, podría matizarse y ser menos radical de lo esperado.
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