Este mes ha sido una crisis permanente para la presidenta de México, Claudia Sheinbaum y la 4T. El primer día de noviembre fue asesinado el alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, y todas las críticas se dirigieron hacia ella, mismas que se incrementaron por el halo de impunidad que permanece en el país.
La autodenominada “cuarta transformación (4T)” que había anunciado el fin de la corrupción y la impunidad con una nueva etapa en la vida pública del país ha fracasado. Los militantes que han sido protegidos por el régimen, pese a sus nexos con el crimen organizado o por la corrupción que han cometido, han provocado que el desgaste natural del partido en el poder se acelere.
La mandataria federal ha tratado de continuar con las mismas estrategias de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador para disminuir las críticas como las conferencias de prensas mañaneras. No obstante, éstas no han tenido el impacto deseado, Sheinbaum no ha sido capaz de persuadir a la opinión pública como lo hizo el tabasqueño, que mantuvo en todo su sexenio altos niveles de popularidad.
Aunque la presidenta ha intentado una serie de acciones de continuidad con su antecesor como los programas sociales. La inseguridad que ha proliferado de manera desbordada se ha convertido en el principal obstáculo para su administración
La marcha del fin de semana pasado ha representado un nuevo golpe a la credibilidad del régimen. Tanto Sheinbaum como López Obrador afirmaron que la represión había quedado en el pasado y que la “4T” no cometería esos abusos. La realidad es que casi un centenar de personas resultaron lesionadas en la protesta del Zócalo. Esto luego de que un grupo de encapuchados intentaron arribar a la fachada de Palacio Nacional.
Un movimiento que muestra sus fracturas
Desde los primeros meses de la actual administración, se han evidenciado fracturas dentro del régimen. Los coordinadores de Morena en el Senado y en la Cámara de Diputados, Adán Augusto López y Ricardo Monreal, se enfrascaron en una disputa pública. La primera en el actual régimen, misma que dejó en claro que no debían sus cargos a la presidenta, sino a López Obrador.
En el gobierno del tabasqueño esta situación sería impensable. López Obrador no sólo era el jefe del Estado mexicano, sino también el líder absoluto del partido. Una figura mesiánica que se consolidó con los años, por lo cual nadie se atrevió a confrontarlo o sería expulsado del edén.
Sheinbaum, por otro lado, no ha logrado visualizarse como la jefa del partido. Los morenistas se rehusaron en un principio a aprobar la Ley contra el Nepotismo. Esto debido a los intereses de cada uno de los grupos políticos enquistados en Morena, como los Monreal, los López, así como Alcalde.
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La presidenta tuvo que pedir públicamente a los morenistas que aceptaran esta reforma. No por ella, sino por el legado de López Obrador. Hasta que varios de los principales excolaboradores del sexenio pasado se encontraron en Palenque, cambiaron de parecer.
Las denuncias públicas contra Adán Augusto López por haber nombrado a Hernán Bermúdez Requena como secretario de Seguridad Pública de Tabasco cuando fue gobernador de esa entidad, pese a que era líder de la agrupación criminal conocida como “La Barredora”, causaron un nuevo cisma en Morena.
Los propios morenistas reconocieron que la permanencia de Adán Augusto López en su cargo en el Senado representaba un costo político que podría cobrarles facturas en la contienda electoral de 2027. Los pleitos de Gerardo Fernández Noroña y su inexplicable fortuna también causaron otro dolor de cabeza para la mandataria.
Los negativos de Morena crecen
A nivel subnacional, diferentes gobernadores están sumamente desacreditados. En Sinaloa la permanencia de Rubén Rocha en la gubernatura representa la derrota electoral de Morena en 2027. Esta situación se puede replicar en Michoacán, donde Alfredo Ramírez Bedolla ha perdido toda la credibilidad posible después del asesinato del munícipe de Uruapan.
En Baja California la situación se puede replicar. La gobernadora Marina del Pilar, perdió su visa para viajar a Estados Unidos. Esto luego de una serie de investigaciones que realizó el gobierno norteamericano y que vinculan a la mandataria estatal.
En Guerrero está la gobernadora Evelyn Salgado, cuestionada por su incapacidad de resolver el problema de la violencia e inseguridad en el estado. Esto ya colocó a Chilpancingo como uno de los municipios más peligrosos del país.
En Veracruz, la gobernadora Rocío Nahle también muy criticada por la manera de atender la crisis ocasionada el mes pasado por las intensas lluvias. Aunado a que está acusada de beneficiarse de su cargo para adquirir distintas propiedades.
En el caso de Tamaulipas la situación tampoco está alejada. Al gobernador Américo Villarreal lo cuestionaron por el incremento de los grupos criminales en la entidad. Ahí donde los cárteles deciden qué alcaldes son los responsables en tomar las decisiones.
Así, en estos estados la posibilidad de que Morena revalide el poder luce complicada. No por las habilidades de la oposición, sino por las pésimas gestiones de sus gobernadores.
Revocación de mandato, un tema pendiente de Sheinbaum
Sheinbaum había considerado originalmente modificar el ejercicio de revocación de mandato para 2027 y no hacerlo en 2028 como está contemplado. La propuesta pretendía colocar a la presidenta en la boleta electoral, cuando los votantes también elegirán a diputados federales, así como a 15 gobernadores del país.
La propuesta se inclina para favorecer a los aspirantes morenistas, por la imagen de la presidenta que tiene, hasta el momento, una popularidad por encima del 70 por ciento. Sin embargo, ha decrecido en los últimos 12 meses debido a los pésimos gobiernos estatales que existen en varias regiones del país.
Así, la mandataria federal reculó y aplazó la votación de esta modificación hasta febrero, para determinar si la percepción de Sheinbaum seguirá a la baja y podría convertirse en un pasivo para el propio partido.
Aunque es poco probable que la presidenta pierda el poder en una eventual revocación de mandato, podrían perder varias gubernaturas del país. Esto podría poner en riesgo la permanencia de Morena para los comicios presidenciales de 2030.
La soberbia referencia de que la 4T podría gobernar el país de manera casi indefinida, cada vez resultan menos utilizada. El deterioro de la imagen de Morena no sólo está dirigido al propio partido, sino que también se extiende en Sheinbaum y en López Obrador, cuyo legado cada vez es más cuestionado por los actos de corrupción que se permitieron de manera continua y que beneficiaron a sus hijos.
Apéndice: Los candidatos de Morena podrían perder en la escena local debido a la disputa que se podría suscitar en los siguientes meses y, que ante el proceso electoral de 2027, el escenario electoral del país podría ser más problemático.
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