Ignacio García columna

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Ignacio García

Marco Rubio, el menos agresivo del gabinete de Trump

La semana pasada el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, visitó México, donde se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional. El encuentro es el primero que ha sostenido físicamente el encargado de la política interna norteamericana con la jefa del Ejecutivo mexicano. Esto desde que Donald Trump retornó a la Casa Blanca el pasado 20 de enero.

El encuentro, por demás cordial, evidenció que Rubio ejerce la labor de “policía bueno” dentro del gabinete de Trump. Es el único de los funcionarios de alto nivel que muestra un perfil más político que estridente. Algo que ha caracterizado a los seguidores del presidente republicano.

Las cálidas palabras de Rubio hacia el gobierno de México están relacionadas con todas las cesiones que ha aceptado Sheinbaum. Esto incluye la entrega de casi 50 narcotraficantes a Estados Unidos y la absoluta cooperación con los agentes norteamericanos para acciones de combate al crimen organizado, que habían sido rechazadas por su antecesor, Andrés Manuel López Obrador.

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El funcionario estadounidense—uno de los que se perfila para postularse como aspirante presidencial en 2028—consideró que Sheinbaum ha aceptado las medidas de Trump. Por ello las sanciones arancelarias son mínimas con respecto a otras naciones que mantuvieron un tono más enérgico.

Aunque la presidenta había señalado en sus conferencias de prensa mañaneras que abordarían temas prioritarios para México, como la atención a la población migrante, en el comunicado conjunto de ambas administraciones dejaron ese asunto de lado.

Los temas de la agenda de Estados Unidos se impusieron en el comunicado conjunto. El combate al narcotráfico y el cruce fronterizo para evitar el tránsito de fentanilo que circula hacia la Unión Americana. Por el lado mexicano, la perspectiva de derechos humanos no fue parte de los temas de la reunión.

Para Marco Rubio, otro de los intereses de Washington es el combate al huachicoleo. Una práctica que se ha incrementado en los últimos años, a pesar de que López Obrador había advertido sobre el final de este ilícito.

El gobierno de Trump considera que México ha permitido el crecimiento de este delito desde el gobierno de Enrique Peña Nieto. Con Andrés Manuel López Obrador no se combatió de forma efectiva, por lo cual mantuvo un crecimiento histórico en cuanto al número de tomas clandestinas.

La agenda de combate al narcotráfico desde Washington

Durante la administración de López Obrador, las relaciones de cooperación con Estados Unidos fueron mínimas. Más aún cuando Joe Biden llegó a la presidencia norteamericana, pues el gobierno mexicano decidió cerrar cualquier posible acuerdo de colaboración mutua para combatir al crimen organizado.

La fallida política “abrazos no balazos” que pregonó López Obrador fue un fracaso total. Esto obligó a Sheinbaum a dar un cambio en el viraje total en la política de seguridad. Con Trump ha existido una intención clara de combatir a los cárteles de las drogas, pero conforme a los intereses de Estados Unidos.

Con estas medidas, el único beneficiado sería el país vecino. Y es que, entre líneas, Marco Rubio confirmó que México mantendrá una política sumisa ante el gobierno estadounidense. Esto es1 similar a la que tanto criticaron los representantes de la “4T” en el sexenio de Felipe Calderón con el famoso operativo “Rápidos y Furiosos”.

Conforme se eleven las presiones del gobierno de Estados Unidos sobre México, podría ser cada vez más probable una serie de operativos entre las fuerzas militares de ambos países para combatir a los cárteles.

Desde que Marco Rubio se postuló a las elecciones primarias del partido republicano, reconoció públicamente que México no había hecho lo suficiente para combatir a los cárteles de las drogas. Estos se enquistaron en las instancias locales y que en la actualidad controlan diferentes territorios con el aval de las autoridades mexicanas.

Aunque prácticamente dijo mismo que Trump pero con un tono menos estridente, Rubio sabe que en el sexenio de López Obrador los esfuerzos por erradicar a los grandes cárteles fueron minúsculos. Asimismo, se les permitió operar para alcanzar una “paz narca”, que funciona cuando determinados grupos criminales controlan algunas regiones sin la presencia de sus adversarios.

Las presiones de Rubio

Rubio fungió como el emisario más diplomático del gobierno de Trump. A diferencia del inquilino de la Casa Blanca que se ha caracterizado por humillar a otros jefes de Estado, el funcionario norteamericano mantiene los cuidados políticos correspondientes, pero con el mismo mensaje, destruir a los cárteles de las drogas.

El principal objetivo del gobierno de Estados Unidos fue el Cártel de Sinaloa. Este grupo era considerado como la principal organización delictiva dedicada al envío de fentanilo al territorio estadounidense. Aunque también ha crecido de forma significativa el Cártel Jalisco Nueva Generación (CNJG).

Para el gobierno de Estados Unidos, la caída de Ismael “El Mayo” Zambada representa un punto medular para el debilitamiento del Cártel de Sinaloa. La presidenta debe continuar con las acciones de combate a los cárteles. Y es que paulatinamente su postura en contra de las autoridades norteamericanas se debilita conforme la inseguridad se convierte en un lastre no resuelto.

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El funcionario estadounidense puede gestionar con Trump una nueva pausa a las amenazas arancelarias si observa nuevas ofrendas del gobierno mexicano con la captura de más narcotraficantes de alto nivel. Pero conforme avance el tiempo y se acerque el contexto electoral estadounidense, las presiones de Washington pueden enfocarse en la detención de políticos coludidos con los cárteles.

Es probable que el acuerdo de Sheinbaum con Marco Rubio consista en evitar una aprehensión de algún político de alto nivel involucrado con el crimen organizado. Como sucede con el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, señalado por el propio Mayo Zambada de mantener un encuentro el día de su captura.

Además, las presiones se dirigirán directamente a los políticos cercanos a López Obrador, acusados de mantener relaciones directas con los grupos criminales. Estos les permitieron mantener el poder político en distintas regiones del país que determinan a los gobernantes.

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Apéndice: Si Sheinbaum cuestionó y criticó constantemente a sus antecesores con la sumisión hacia Estados Unidos, prácticamente está replicando las mismas acciones con una perspectiva de sometimiento a las decisiones de Washington que tanto caracterizaron a los expresidentes priistas y panistas.

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