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La muerte de los fotoperiodistas Berenice Giles y Miguel Ángel Rojas en el AXE Ceremonia ha sacudido a toda la escena del entretenimiento, revelando la precariedad laboral de los fotógrafos de festivales y conciertos que se exponen física, mental y económicamente, en una industria que no vela por su cuidado. 

El 5 de abril de 2025 amaneció con un cielo encapotado sobre el Parque Bicentenario de la Ciudad de México. Aquel día, cientos de almas se congregaron para vibrar al ritmo de la música en el festival AXE Ceremonia 

La tragedia marcó la memoria colectiva. Entre ráfagas de viento y gradas temblorosas, una estructura metálica -colocada improvisadamente- que servía como supuesto punto seguro de reunión cedió, y dos jóvenes fotoperiodistas, Berenice Giles y Miguel Ángel Rojas, perdieron la vida mientras trabajaban en lo que amaban. 

Desde entonces, la crónica de aquel suceso no solo habla de un colapso fatal, sino de la precariedad que acecha a quienes, tras una cámara, se exponen sin apoyo. Como Berenice y Miguel lo estuvieron mucho antes de la tragedia del AXE Ceremonia, cientos de fotógrafos de conciertos están expuestos a la misma inseguridad e incertidumbre. 

Pasión a primera fotografía

Aldo es un fotógrafo de apenas 22 años, oriundo de Hidalgo. Empezó recorriendo escenarios underground hasta llegar a festivales masivos. 

El murmullo de la multitud, el estruendo de los bajos y el destello de los flashes componen la sinfonía que Aldo intenta perseguir para registrarla. 

La muerte de Bere y Miguel en AXE Ceremonia y la precariedad laboral de los fotógrafos de conciertos
Un fotógrafo toma foto a una artista que está en el escenario. Credit: Alfredo M. Geisse

Desde 2022, cuando su amigo de la universidad lo llevó tras bastidores de un concierto, descubrió un mundo donde la adrenalina y la precisión se dan la mano para atrapar en un instante la esencia de los escenarios musicales. Durante un año, cada fin de semana, asistió asiduamente a esos conciertos para ganar experiencia. Esto lo llevó después a los festivales.  

Me atraía la adrenalina y la euforia que se generaban en los conciertos. La movilidad de las personas y la imprecisión combinado con la concentración que hay para tener en el momento perfecto, al momento de captar la esencia del artista.” 

Pero, tras capturar cada imagen, asoma la duda. Aldo se pregunta si las excelentes experiencias de sus coberturas valen la pena, por todos los riesgos que conllevan. 

Trabajo por amor a la fotografía 

Dani se ha forjado a pulso en bares y plazas para dar visibilidad a las bandas locales. No empezó en la fotografía por dinero, ni por fama. Empezó por amor. Por amor a la música, al arte, y a las historias que se cuentan en los conciertos, no solo desde el escenario, sino también desde el público que baila, grita y se abraza.  

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Su primera foto la tomó en un bar, con su lente más básico, cubriendo a un amigo músico en Casa Paddi; un pequeño espacio de Pachuca conocido por recibir a artistas emergentes.  

Ahí, con su cámara colgada, el pie siguiendo el ritmo de la música, una sonrisa en el rostro y con las luces del escenario sobre ella, entendió que la fotografía de conciertos era la fusión de todas sus pasiones. 

La muerte de Bere y Miguel en AXE Ceremonia y la precariedad laboral de los fotógrafos de conciertos
Fotógrafos toman fotos a un artista que está en el escenario. Credit: Mat Hayward

Aberración cromática 

Un artículo de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid explora los riesgos a los que se exponen los fotógrafos en toda su vida. Entre ellos, riesgos a la salud física, como el revelado químico o el traslado de equipos.  

En la actualidad, ser fotógrafo conlleva riesgos más enfocados a factores externos como la exposición a contactos eléctricos, a sufrir caídas, choques con objetos y herramientas y sobreesfuerzo postural, entre otros. La fotografía es una profesión que conlleva grandes riesgos significativos para la salud. 

Además, hay amplios informes y reportajes sobre los peligros a los que quedan expuestos fotoperiodistas, principalmente cuando son mujeres

Se considera que, entre los ocho trabajos más peligrosos del mundo están el ser policías, militares, agentes de seguridad, profesionales de la salud, bomberos, trabajadores del sector marítimo y transportistas, entre otros. ¿Sería atrevido añadir la profesión de fotógrafo? 

Aldo asegura que las condiciones laborales no son buenas para ninguno de los fotógrafos de conciertos, y en general, que van empezando, quizás si para los más viejos.

Menciona que hay incertidumbre sobre la seguridad, ya que muchas veces tuvo que cubrir eventos en espacios bastante alejados y a altas horas de la noche en estados como Hidalgo, donde el transporte público no es completamente seguro, además de que deja de brindar servicio a partir de las 21:00 horas. 

En un festival, Aldo debe lidiar con la misma inseguridad del transporte y el ambiente nocturno, agregando los problemas por la estructura de los recintos. A veces, las gradas no están fijas al suelo. Cada pulso de la gente las hace temblar.  

A veces me imagino que todos nos podríamos caer de un solo golpe, esa sensación de riesgo es constante.” 

Eso, sin considerar el terror constante de Aldo sobre perder su equipo fotográfico. Equipo que muchos de nosotros, como fotoperiodistas, como reporteros, conseguimos bajo sacrificios muy grandes. 

El chaleco que lo identifica como fotógrafo y su cámara lo distinguen entre la multitud, pero también lo exponen.   

A diferencia del reportero, que puede pasar desapercibido, el fotógrafo carga con un chaleco y un equipo caro, a veces cámaras de 40 mil pesos y lentes que alcanzan precios de 20 mil pesos (…) A veces, me pregunto si no sería mejor vestir de civil.” 

La violencia contra fotógrafas 

En el bullicio característico de un iluminado escenario, Dani se mueve con gracia entre el público y los focos. Avanza la noche y su valentía se mide con la realidad. Ser fotógrafa de conciertos en la Ciudad de México implica capturar la euforia de miles, pero también enfrentar el silencio de la calle vacía y el susurro de la inseguridad. 

En cambio, en Pachuca, suele regresar sola a casa, en taxi de madrugada, cargando su equipo, su cansancio. Desde hace tiempo, la ciudad dejó de ser segura para quienes se transportan en taxi por las noches.  

Una noche, tras salir de un evento, un conductor en estado de ebriedad estuvo a punto de atropellarla. El coche cruzó la banqueta donde ella caminaba. Recordar ese momento le entrecorta la voz.  

En esa ocasión iba por mi cuenta, por lo que solo hubiera sido una muerta más que salió muy noche, porque sí, soy fotógrafa, pero también soy mujer.” 

Ha tenido que rechazar oportunidades por miedo a perder su equipo, o a que algo le pase viajando sola.  

Es más fácil buscar a otra persona que exigir mejores condiciones para mí.” 

La vulnerabilidad aumenta con la precarización del medio. En una ocasión, los organizadores de un concierto de Lng/SHT obligaron a Dani a pagar boleto para cubrir. Uno de los organizadores dudó de ella, hasta que tuvo que verificar la compra.  

Compruebas tu valor cada vez que muestras tu credencial, y aun así te ignoran.” 

En otra ocasión, dejó de fotografiar durante semanas, dudando de su propia pasión, solo porque un hombre del medio la acusó de avanzar en su trayectoria solo por ser mujer, insinuando favores. 

Me cuestionó ‘¿y qué has hecho?’. Me hizo sentir invisible, reemplazable.” 

La muerte de Bere y Miguel en AXE Ceremonia y la precariedad laboral de los fotógrafos de conciertos
La muerte de Bere y Miguel en AXE Ceremonia y la precariedad laboral de los fotógrafos de conciertos. Credit: A quien corresponda.

f/1.4, diafragma abierto 

La apertura del diafragma en la cámara controla qué tan desenfocado se ve el fondo de una foto. Entre más enfocado este el objeto cercano al lente, más borroso se ve el fondo, brindando un efecto Bokeh. Dentro del medio, sucede algo similar.  

Los artistas, los organizadores y el evento son lo que son, porque están en el primer plano. En cambio, los fotógrafos y sus condiciones laborales están en el fondo borroso que todos ignoran y a nadie le interesa esclarecer. 

Donde trabaja, Aldo no tiene un salario formal, un contrato, seguro ni transporte. En cambio, le recompensan con clases de edición, corrección de color, capacitaciones que aportan valor a su trabajo, pero que no son suficientes para reemplazan sus derechos laborales.  

Aldo se identifica con Berenice y Miguel, sus colegas fotógrafos de conciertos que estudiaban en la UNAM y que murieron en el AXE Ceremonia.  

Buscamos oportunidades, como ellos. Pero la comunicación está infravalorada y sin protección. Nos pagan con la entrada al concierto, a veces el transporte, pero nunca un salario. Ni un seguro de vida. Somos trabajadores, pero sin protección.” 

Dani tampoco ha recibido un pago por su trabajo. Nunca ha firmado un contrato. Desde que hacía sus primeros disparos ha pagado su transporte, comida y su equipo. 

Con la muerte de nuestros colegas Berenice y Miguel en el AXE Ceremonia me di cuenta que yo nunca había pensado en que merecía un seguro, y es que no creo que nadie me viera nunca como una trabajadora más, ni a mí ni a nadie (…) Nuestro gremio sufre precariedad, esa es la palabra, nadie nos había volteado a ver, y siempre hemos tenido que regalar lo que hacemos porque nos enseñaron que esa era manera y la única forma de con suerte llegar a algún lugar.” 

En ambos, resuena una demanda casi colectiva: que el trabajo de los fotógrafos sea valorado con un salario formal, viáticos y seguro, así como nuevas medidas que impidan nuevas tragedias.  

Somos pieza fundamental de la industria”, dice Aldo.  

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Reportero Isaac Vidal

Isaac Vidal

Fotógrafo y periodista con pasión por capturar historias a través del lente y las palabras. Documentar momentos clave y narrar la realidad desde una perspectiva única. Mi trabajo busca conectar al...