Ignacio García columna

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Ignacio García

PAN: nueva imagen, mismo circo  

El fin de semana pasado, el dirigente nacional del Partido Acción Nacional (PAN), Jorge Romero, presentó la nueva imagen del instituto político. El también diputado federal presumió que con esa renovación el partido blanquiazul inicia una nueva etapa en su historia, en la que se posiciona como una verdadera alternativa política para la ciudadanía. 

El líder del PAN dijo que ante el hartazgo ciudadano creciente hacia los gobiernos emanados del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el blanquiazul se mantiene como la principal opción ciudadana para los electores. Y por ello descartó que pretendan consolidar alianzas electorales como las que establecieron con su antiguo adversario, el Partido Revolucionario Institucional (PRI). 

Después de la catastrófica derrota electoral del PAN en 2024, tras una alianza fallida con el PRI y el extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD), la cúpula panista pretende “lavarse la cara” con la presentación de una nueva imagen en su logotipo que tradicionalmente había sido su principal estandarte visual y simbólico. 

Tras perder la presidencia de la República en 2012, el blanquiazul ha estado involucrado en una serie de disputas internas entre los distintos liderazgos locales que han tratado de amasar lo poco que queda del partido, reducidos en algunas entidades prácticamente a partidos anecdóticos sin presencia real. 

Las luchas internas en el partido provocaron que sus liderazgos cada vez fuesen más débiles. Estas disputas no son nuevas, pero sí más evidentes, ya que cuando el blanquiazul gobernaba al país, los dirigentes estaban bajo la tutela del entonces presidente de la República—Vicente Fox y en mayor medida Felipe Calderón—al viejo estilo priista de mantener el control del partido. 

Los liderazgos que se destruyeron a sí mismos 

El primer dirigente nacional del PAN dentro de la alternancia política fue Luis Felipe Bravo Mena, un político reconocido en la estructura militante del blanquiazul. Quien ganó notoriedad por ser uno de los impulsores de la victoria de Fox en el proceso electoral de 2000. No obstante, cinco años después, con la renovación de la presidencia de la República en puerta, el PAN comenzó a evidenciar fracturas internas. 

En ese año el ahora morenista, Manuel Espino, se convirtió en el dirigente del PAN para encargarse de la definición de la candidatura presidencial. A diferencia de otros institutos políticos en donde se establecen candidaturas de unidad, en esa ocasión hubo una disputa entre Santiago Creel, consentido de Vicente Fox; Felipe Calderón, y el exgobernador de Jalisco, Alberto Cárdenas Jiménez. 

Con la victoria de Calderón en el proceso interno y su ascenso a la presidencia de la República, Espino se confrontó con el nuevo mandatario. Lo que derivó que en su lugar arribara el arrepentido Germán Martínez—quien tuvo un paso breve por Morena e incluso fue director del IMSS en el inicio de la administración de Andrés Manuel López Obrador–. 

Sin embargo, después de la derrota electoral que tuvo el PAN en los comicios federales intermedios de 2009, en donde el PRI volvió a ganar terreno electoral, Calderón colocó a un perfil cercano, como fue César Nava. Quien con las instrucciones de Los Pinos rápidamente se confrontó con la base militante panista que consideró que estaba siendo ignorada. Y que se habían tejido alianzas innecesarias con el PRI para apostar por las reformas que planteaban los panistas desde el inicio del gobierno de Fox. 

Contienda por la presidencia

En 2010, ante la sucesión presidencial en puertas, Gustavo Madero presidió al PAN, se vivió un nuevo conflicto por la selección de la candidatura presidencial. Pues en esa ocasión compitieron Josefina Vázquez Mota, exsecretaria de Educación Pública de Calderón; Ernesto Cordero, secretario de Hacienda de Calderón, y Santiago Creel, exsecretario de Gobernación de Fox. 

Aunque el favorito del expresidente era Cordero, las divisiones internas en el país cada vez crecieron más. Y esto provocó que Josefina Vázquez Mota ganara la candidatura presidencial. Sin el apoyo presidencial ni de la estructura de calderonistas, la aspirante presidencial perdió las elecciones. Lo que permitió que el PRI retomara la presidencia de la República con Enrique Peña Nieto. Y por primera vez desde 1988, el instituto político blanquiazul no se ubicaba en tercer lugar de una contienda electoral. 

El canibalismo azul 

La derrota electoral del PAN en 2012 dejó una serie de disputas internas que responsabilizaron a los calderonistas de operar contra la candidata presidencial. Y para tratar de negociar, aceptaron el acuerdo propuesto por el PRI en el llamado “Pacto por México”. El cual representó otro clavo en el ataúd para el panismo al dejar de ser oposición del PRI. Causa original de su fundación en 1939. 

En 2014 Cecilia Romero se hizo cargo del PAN, considerada como un alfil de los maderistas que rápidamente decidieron confrontarse con los corderistas. Pues el exsecretario de Hacienda también buscaba la dirigencia nacional del blanquiazul tras no ganar la candidatura presidencial. 

A pesar de que en la gestión de Madero, el PAN perdió más del 80 por ciento de los militantes que había registrado en 2000, retornó al cargo ese mismo año. Esto tras las reformas a los estatutos internos que derivaron que los líderes partidistas serían electos por voto directo de los militantes. 

Madero aprovechó el control que tenía sobre el partido y solicitó licencia temporal para buscar la candidatura como diputado federal y después regresar a su cargo. Pese a ello, el blanquiazul tuvo una recuperación electoral en los comicios internos con la caída de la popularidad de Peña Nieto. 

Ricardo Anaya apareció como el pupilo más hábil de Madero y comenzó a relegar a todos los calderonistas y corderistas para posicionarse como la figura más connotada del cambio generacional dentro del PAN. Con el control del partido se impuso para obtener la candidatura presidencial en 2018. Y con ello provocar una desbandada de los calderonistas, entre ellos el propio Calderón y Margarita Zavala. 

La debacle mayor con Cortés  

Tras la derrota de Anaya ante Andrés Manuel López Obrador, Damián Zepeda también tuvo que dejar el partido y los anayistas fueron exiliados. Mientras que un nuevo grupo político se imponía en el partido. Marko Cortés inició una gestión que se extendió por seis años y que derivó en la mayor caída del panismo en este siglo. 

Después de la recuperación electoral de 2016, el PAN volvió a perder diferentes gubernaturas ante Morena. Y Cortés decidió unirse al PRI y al PRD en una alianza orientada al fracaso que reforzó la percepción de que el blanquiazul y el tricolor eran lo mismo. 

Sin el anclaje de la militancia, Cortés llevó a Acción Nacional al borde del precipicio, con apenas cuatro gubernaturas en el país y con la pérdida de militantes y electores que se han inclinado por otras fuerzas políticas como Movimiento Ciudadano (MC) que comparte similitudes con la plataforma política del panismo. 

Así, con todos estos antecedentes resulta poco viable que el PAN retome competitividad en los procesos electorales más inmediatos. Pues tiene un halo de corrupción y alejamiento de las necesidades de la ciudadanía. 

Apéndice: El nuevo eslogan de los panistas “patria, familia y libertad” se remite a las ultraderechas radicales como el fascismo italiano de Benito Mussolini. O a las expresiones populistas de Jair Bolsonaro en Brasil o de Javier Milei en Argentina. 

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