La semana pasada el Comité Noruego del Nobel anunció que la activista derechista venezolana María Corina Machado Parisca fue acreedora al Premio Nobel de la Paz. El galardón codiciado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nuevamente ha vuelto a generar polémica por la persona que representa los anhelos, según los integrantes del Instituto Noruego del Nobel, de la promoción de la paz.
A la activista sudamericana la reconoció la comunidad internacional por su lucha en contra de la dictadura que encabeza Nicolás Maduro en Venezuela. Este premio también representa un espaldarazo internacional para acelerar la caída del gobierno “chavista” que se ha reelegido casi de forma indefinida.
María Corina Machado se ha convertido en la séptima persona de América Latina que recibe el premio más reconocido a nivel mundial en la defensa de la paz. De entre todos los aspirantes, los integrantes del Comité Noruego consideraron que logró mantener la lucha por la democracia en Venezuela, controlada por el Chavismo desde el inicio de este siglo.
Sin embargo, para diferentes personajes, Corina Machado no merecía el galardón, debido a que se ha tratado de una persona que ha manifestado la necesaria intervención militar de Estados Unidos para derrumbar la dictadura de Maduro, situación que contradice la noción pacifista que debería tener quien tiene el Premio Nobel de la Paz.
Desde los sectores más radicales de la izquierda latinoamericana, algunos de ellos utilizando los medios públicos del Estado mexicano, acusan que Corina Machado se catapulta hacia la presidencia de Venezuela en la eventual caída de Maduro y con ello impulsar una persecución sistemática en ese país, que nuevamente será ajena a la vocación de una ganadora del premio Nobel de la Paz.
El premio más demeritado del Nobel
Entre los diferentes premios que entrega el Comité Noruego del Nobel como son de Medicina, Física, Química, Economía, Literatura y de la Paz, este último ha sido el más cuestionado durante décadas. Las personas galardonadas con este reconocimiento están señaladas de ensuciar la vocación pacifista que debería tener este premio.
El expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, recibió el Premio Nobel de la Paz en 2009. Al exmandatario demócrata los postularon con apenas unos meses al frente del gobierno estadounidense. Durante los ochos años en los que gobernó al país más poderoso del mundo mantuvo una estrategia belicista en Afganistán, Irak y Siria, aunado a que impulsó una política de deportaciones masivas de migrantes mexicanos que superaron a sus antecesores.
El fallecido líder palestino Yasser Arafat también recibió el premio en 1994. Antes de obtener el galardón, emprendió una serie de acciones belicistas en la región.
Tanto en Palestina, como en Israel y el resto de la comunidad de Oriente, cuestionaron que recibiera este premio tras su responsabilidad en las muertes de miles de personas.
En 1991, la política birmana Aung San Suu Kyi ganó el Premio Nobel de la Paz, por su lucha no violenta contra el gobierno militar de su país. Sin embargo, dos décadas después la criticaron por no denunciar las matanzas y violaciones de derechos humanos de la minoría musulmana de los rohingya en Myanmar, considerado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como un genocidio.
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En 2020, el primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, recibió el galardón por sus esfuerzos en resolver un conflicto añejo en la frontera con Eritrea, un año después desplegó tropas en la región de Tigray, lo que ha dejado miles de muertos en la zona norte de la nación africana.
También en 2004 la activista keniana Wangari Mathai se convirtió en la primera mujer negra en ganar el Premio Nobel de la Paz, pero fue criticada por señalar que el virus VIH /SIDA había sido creado como un arma de destrucción masiva para “asesinar negros”, promoviendo un discurso polarizador en África durante años.
Pero quizás el más cuestionado fue el exsecretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kisinger, quien obtuvo el premio en 1973 por sus esfuerzos en detener la guerra en Vietnam. Sin embargo, fue impulsor de los bombardeos secretos en Camboya y su apoyo a los golpes de Estado militares en América Latina, principalmente en Chile y Argentina, donde favoreció a los dictadores Jorge Videla y Augusto Pinochet.
Los no ganadores invisibilizados
Si bien María Corina Machado no ha cometido ninguna de estas acciones ni puede responsabilizarse por algún acto de violencia en Venezuela, han existido otros perfiles que fueron invisibilizados por el Comité Noruego del Nobel como las Células de Intervención de Emergencia que operan en Sudán, después de dos años de guerra civil. Estos voluntarios brindan atención médica, además de que apoyan a las poblaciones en evacuaciones en contextos de enfrentamientos armados.
Otra agrupación que podría haber sido considerada para el Premio Nobel de la Paz es Standing Together, una organización israelí-palestina que aboga por la paz en la zona desde hace años. También promueve una campaña en favor de dos Estados, aunado a que se ha opuesto de forma significativa al genocidio cometido en la Franja de Gaza.
Asimismo, la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) pudo haber sido considerada, dado que trabaja en la Franja de Gaza desde hace dos años, y donde 210 periodistas han sido asesinados por el régimen sionista, por lo cual pudo tratarse de un reconocimiento a la labor de la libertad de prensa en contextos dictatoriales y de violencia.
En todos estos casos, a título personal, se trataron de organizaciones con mayores méritos para obtener el Premio Nobel de la Paz sin que causara polémica, pues verdaderamente son organizaciones impulsoras de la paz y el cese absoluto de conflictos.
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Al ganar el Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado agradeció públicamente a Trump. Al presidente norteamericano lo ven como la gran solución para el derrocamiento de Maduro, aunque esto implique una posible intervención militar que será igual de trágica que la dictadura que mantiene el gobierno chavista.
Además, con este premio Corina Machado podría replicar el discurso victimista que pregonó la otra ganadora del Premio Nobel de la Paz, la activista guatemalteca, Rigoberta Menchú, a quien criticaron por presentarse como la víctima perfecta de la opresión racial, pero que se ha reunido con los grandes magnates que violaron los derechos humanos de las comunidades indígenas latinoamericanas durante años a cambio de dádivas económicas.
Apéndice: Es probable que quien hizo el mayor berrinche por no ganar el premio Nobel fue Donald Trump, quien según él mismo, merecía el galardón por haber evitado siete guerras en el mundo, y visualizarse como el presidente norteamericano más pacifista de la historia. En fin, una ironía más de la soberbia mirada del inquilino de la Casa Blanca.
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