Ignacio García columna

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Ignacio García

El triunfo de Donald Trump y el retroceso de la democracia occidental 

Este año es un reflejo de los efectos de la polarización social, cuya narrativa ha establecido una visión segmentada y radical en algunos países occidentales, pues, recientemente en los comicios de Estados Unidos, Donald Trump triunfó en las elecciones para presidente de esa nación, pese a que su discurso implica un profundo retroceso en temas como la igualdad, tolerancia y respeto a los derechos humanos. Sin embargo, no ha sido el único caso de los últimos años. 

Estados Unidos se ha ufanado constantemente de ser los pioneros del modelo democrático occidental, siendo el primer país republicano constitucionalista. No obstante, una figura como Trump puede irrumpir en la escena política y retroceder los avances políticos, sociales y culturales que esa nación intentaba alcanzar. Ahora estará nuevamente gobernada por un personaje que logró caracterizarse por menospreciar a las minorías raciales y étnicas. 

El triunfo de Donald Trump, el pasado 5 de noviembre, es un retrato de una sociedad que decidió caer en la polarización, con una visión reduccionista de “buenos contra malos”, dejando de lado cualquier tipo de matiz, aunado a que evidencia el claro rechazo de la sociedad a la clase política tradicional, percibida como un poder ausente ante las principales necesidades de los sectores más vulnerables. 

Pese a lo que el carácter republicano intenta demostrar, Trump no encarna no encarna ni en lo más mínimo una visión igualitaria o redistributiva de la riqueza —prueba de ello es el apoyo que recibió de un actor monopólico como Elon Musk—. Su discurso tuvo éxito en la medida que estableció a los principales enemigos de la Unión Americana: los migrantes, aquellos que supuestamente les quitan los empleos a las personas nativas de ese país, y por ello, para evitar “esa invasión”, es necesario cerrar las fronteras. 

La misoginia y violencia a migrantes en el triunfo de Donald Trump 

Entre sus primeros mensajes como virtual presidente electo de Estados Unidos, reiteró la prioridad de evitar el paso de migrantes. A su vez, implicará una serie de imposiciones contra México, para que restrinja el tránsito de los migrantes centroamericanos a la Unión Americana. 

Esta visión tan simplista de la sociedad ha sido compartida por la mayoría del electorado que mostró su intención de confiar más en un criminal confeso que en una mujer. 

El machismo y misoginia fueron componentes que acompañaron al proceso electoral norteamericano en los últimos meses. Con eso, tuvieron un peso determinante en el triunfo de Donald Trump, pese a que, para los sectores más educados e informados, Kamala Harris era la mejor opción política. 

Similitudes de la polarización y el retroceso en derechos humanos 

El retroceso de Estados Unidos no es el único en el mundo. En México, la polarización también se mostró con la concentración del poder que pretende consolidar el Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Sucedió con una serie de reformas constitucionales que implican un retroceso a la construcción de una sociedad más democrática. Es el caso de la desaparición de los organismos autónomos constitucionales como el INAI, el IFT, la Cofece y el Coneval. 

También la reforma constitucional al Poder Judicial de la Federación es un retroceso, respecto a la capacidad de autonomía constitucional que debe tener este organismo. Ahora estará sometido al componente político de quien detente el poder presidencial y legislativo. 

La militarización con la adhesión de la Guardia Nacional a la Sedena es otro aspecto dañino para un pueblo que se inclinaba a defender los derechos humanos. Esto es el resultado de una sociedad que decidió darle toda su confianza a una sola fuerza política sin tomar en cuenta el voto diferenciado y, con ello, la oportunidad de establecer contrapesos a otros poderes. 

Regreso de gobiernos de ultraderecha en el mundo

En este escenario de retrocesos que ocurren con el triunfo de Donald Trump, se recuerda lo sucedido recientemente en Alemania con la victoria histórica de la ultraderecha conservadora. Una ultraderecha que desconoce los crímenes del Nazismo. Ese nuevo poder trata de establecer una óptica diferenciadora contra los migrantes y las minorías raciales. Todos los esfuerzos por la apertura y pluralidad de los distintos sectores de la sociedad alemana quedan de lado con el posible retorno del conservadurismo totalitario europeo. 

También en Austria, la visión política más retrograda ganó adeptos con su primera victoria legislativa desde el arribo del nazismo en 1933. En 2023, esa visión populista radical triunfó en los comicios de Polonia. También en Italia, en 2022, con Giorgia Meloni, y este 2024, con el avance electoral de Marine Le Pen en Francia. 

El año pasado ocurrió una situación similar en Argentina con el triunfo de Javier Milei. El presidente impuso serios recortes a la administración pública. Dichas acciones no han controlado a la hiperinflación y ponen el riesgo de colapso a las universidades públicas. 

Por otra parte, en El Salvador, otro personaje retrógrado triunfó. Nayib Bukele se reeligió violentando la propia constitución y violando los derechos humanos de la población al encarcelar a personas sin el debido proceso legal. Éstos son sólo algunos ejemplos de los retrocesos democráticos observables en el mundo occidental. 

Lo anterior, sin considerar aquellos países en donde ni siquiera simulan un proceso democrático. Sucede en Rusia con Vladimir Putin, quien está al frente de esa nación desde el 2000, o con Xi Jinping desde el 2013, en China. Incluso el caso más cercano con Nicolás Maduro en Venezuela, quien gobierna desde 2013, repitiendo con un grosero fraude electoral este 2024. 

El silencio ante el avance de gobiernos radicales  

Por ello, es importante puntualizar que las sociedades que trataron de transitar hacia el mejoramiento de sus sistemas democráticos con una visión en favor de los derechos humanos y la inclusión ahora se encuentran en un camino de polarización, de concentración de poder y de un escenario cada vez más radicalizado. 

La comunidad internacional —occidente— ha condenado las guerras en Ucrania y en Israel. No obstante, es incapaz de pronunciarse por la radicalización de sus actores políticos cada vez más polarizadores y menos críticos. Esto muestra que el concepto conocido de democracia no es lo más importante para la población que incluso desconoce como tal dicho esquema.

Así, el péndulo que avanzó unos metros con la democratización de las instituciones occidentales vuelve a retroceder otros metros con la llegada de gobiernos encaminados a la polarización y al populismo como mecanismo generador de conflictos sociales, políticos, culturales y económicos. 

Apéndice: El triunfo y regreso de Donald Trump a la Casa Blanca no puede implicar, de ninguna forma, un mensaje positivo para México. Desde 2016, nuestro país ha sido blanco de sus ataques en redes sociales. Aunque se moderó en su primera presidencia, en esta ocasión tendrá menos contrapesos en el Congreso norteamericano. Y con ello, más libertades para radicalizar su discurso. 

Las opiniones y análisis de los columnistas no necesariamente reflejan el punto de vista de esta casa editorial.   

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