A nueve meses del inicio de la actual administración que encabeza Claudia Sheinbaum, se observa un cambio en la política internacional del gobierno de México, con respecto a la que impulsó Andrés Manuel López Obrador (AMLO). La mandataria federal tiene una visión internacionalista de apertura, completamente distinta a la que dirigió el tabasqueño.
La presidenta dio un giro en la política internacional de México. Su primer viaje al extranjero fue a Brasil en el encuentro G-20, donde se reunió con los principales líderes de Estado de las 20 economías más grandes del mundo. Durante el sexenio pasado, dichos viajes quedaron en manos del excanciller Marcelo Ebrard.
La mandataria federal mostró su interés en visibilizar a México en el exterior, después de una política “aldeana” que prevaleció con AMLO. Él evitó hacer viajes al exterior como líder de Estado. Su primera salida ocurrió el 8 de julio de 2020, cuando tuvo un encuentro con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. Algunos críticos consideraron que asumió un rol muy sumiso frente al republicano.
En cambio, Claudia Sheinbaum apenas tardó mes y medio en realizar su primer viaje al extranjero como presidenta para el G-20. La mandataria mexicana tuvo un encuentro con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, así como con el exprimer ministro de Canadá, Justin Trudeau; el primer ministro de la India, Narendra Modi, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron.
Del aldeanismo a la globalización
Mientras que AMLO priorizó una política interna de viajes dentro del país cada fin de semana, Claudia Sheinbaum ha mostrado una postura más abierta en la que pretende ubicar a México en el mundo, después de que el país desapareció de la escena internacional en los grandes encuentros de jefes de Estado.
El segundo viaje de Sheinbaum ocurrió el pasado 9 de abril en la IX Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en Tegucigalpa, Honduras. Se reunió con la presidenta de Honduras, Xiomara Castro; el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, con quien comparte una visión ideológica de izquierda.
López Obrador también privilegió la CELAC como parte de una política de posicionamiento regional en América Latina. En cambio, expresidentes emanados del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI) minimizaron este encuentro, acercándose más a América del Norte.
En su último viaje, Claudia Sheinbaum asistió a la cumbre del G7 en Canadá. Si bien México no forma parte de este grupo, porque sólo están las siete potencias económicas del mundo, el país acudió como invitado. La jefa del Estado mexicano se encontró con el primer ministro de Canadá, Mark Carney. Así como con el primer ministro de Japón, Shigeru Ishiba, y el canciller de Alemania, Friedrich Merz.
Aunque en la reunión se ausentó Donald Trump porque decidió volver a Washington para diseñar la estrategia belicista contra Irán. La mandataria federal dejó en claro su apertura política, una que permaneció prácticamente cerrada durante seis años.
Fox y Peña Nieto acumulan más viajes
Los tres viajes de Sheinbaum al exterior están lejos de compararse con los 20 que hizo Enrique Peña Nieto durante su primer año como presidente. La peculiaridad de estos viajes es que la mayoría de fueron en el lujoso avión presidencial adquirido desde la administración de Felipe Calderón.
Durante ese sexenio, Peña Nieto realizó 91 viajes al extranjero. No obstante, el primer presidente de la alternancia política, Vicente Fox, superó al mexiquense, con un total de 115 viajes. En estas expediciones estuvo acompañado de la polémica Martha Sahagún, primero como vocera presidencial y después como primera dama, quien era señalada por lujos equiparables a los del porfiriato.
Después de Fox y Peña Nieto, el tercer presidente con más viajes al extranjero fue Felipe Calderón Hinojosa. El último mandatario panista acumuló 89 viajes, apenas dos por debajo de Peña Nieto. Superó con creces al cuarto lugar, Carlos Salinas de Gortari, quien hizo 71 recorridos internacionales.
Aunque popularmente se remite a Adolfo López Mateos como un presidente que estaba más ausente por irse de viaje –por lo cual, lo conocieron coloquialmente como “López Paseos”- este apenas realizó 19 viajes al extranjero como jefe de Estado, inferior a cualquiera de sus sucesores, solo por delante de Andrés Manuel López Obrador.
Las críticas a López Mateos eran porque superó en viajes a su antecesor, Adolfo Ruíz Cortines, quien apenas realizó tres viajes al extranjero en su sexenio. En cambio, el polémico Miguel Alemán Valdés registró una salida al exterior, al igual que Manuel Ávila Camacho, siendo el primer presidente, después de la Revolución, que salió de México.
La justa medianía
Los excesivos viajes de Fox, Peña Nieto y Calderón representaron un costo millonario para el erario. Los mandatarios acudieron acompañados de toda su familia, comitiva, funcionarios de Estado y hasta las parejas de sus hijas -como sucedió con Peña Nieto-, quienes, más allá de impulsar acuerdos o fortalecer las relaciones internacionales, viajaron con motivos turísticos.
Los viajes deben estar justificados de tal forma que sólo sea necesaria la presencia de personal estrictamente necesario. Por ello, no pueden trasladarse con todo un séquito que aprovecha el dinero público para darse una vida monárquica.
La figura presidencial es necesaria en aquellos encuentros entre homólogos. El diálogo favorece la cercanía entre líderes que representan los intereses de sus respectivas naciones.
La gran pendiente de Claudia Sheinbaum es reunirse con Trump. Todos los presidentes mexicanos, desde Porfirio Díaz, se han reunido con su homólogo en turno de Estados Unidos. Para la mandataria, el encuentro con un personaje tan hostil e inestable será un desafío en materia internacional. Ella debe dejar de lado la visión sumisa que ha caracterizado prácticamente a todos los mandatarios mexicanos.
Nota aparte: El primer deslinde de Claudia Sheinbaum en materia de política internacional con respecto a AMLO fue su ausencia en el funeral del papa Francisco. Si bien el gobierno de México es un estado laico, su presencia en este evento —que representa al 80 por ciento de la población mexicana que profesa el catolicismo— habría sido un acto que permitiría un acercamiento con otros jefes de Estado como el propio Trump, en un sitio neutral que sería favorable para que la presidenta no acuda a la boca del lobo en la Casa Blanca.
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