Las marchas en México suelen ser efímeras. Los movimientos que congregan a miles para reclamar, protestar, denunciar o exigir alguna situación que aqueja a un sector o a la sociedad en general suelen evaporarse rápidamente por los mecanismos estatales de cooptación que existen para frenar o comprar liderazgos.
Con el inicio de la llamada “cuarta transformación”, un grupo social que no estaba acostumbrado a salir a las calles a protestar comenzó a hacerlo. La oposición partidista encabezada por los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI) tuvieron una escasa capacidad de convocatoria por el deterioro drástico en su imagen pública.
Los grupos opositores se reorganizaron para agruparse en nuevos movimientos como “FRENA”. Mismo que intentó convocar a una movilización masiva para criticar las acciones emprendidas por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Las movilizaciones de esta agrupación fueron tan patéticas que sólo convocaron a un grupo de personas con vehículos que circularon con los sonidos de los cláxones de sus unidades.
Las marchas en contra de López Obrador reunieron a tan pocas personas que optaron por congregarse en el Monumento a la Revolución. Esto en lugar de la plancha del Zócalo de la Ciudad de México. El máximo símbolo cultural y social de la protesta colectiva en el país.
Ante la elevada popularidad con la que gozó AMLO la mayor parte de su gobierno, los llamados de Gilberto Lozano, líder de FRENA, para que los militares depusieran al entonces presidente de la República fueron elementos anecdóticos.
La Marea Rosa que se disolvió
En 2022, en la segunda mitad del sexenio de López Obrador, la oposición partidista volvió a articularse en un nuevo movimiento. En esta ocasión denominaron al mismo como “Marea Rosa”, la cual tenía la intención de defender al Instituto Nacional Electoral (INE). Esto después de que el tabasqueño amagó con una reforma constitucional para modificar al organismo electoral.
López Obrador inició una embestida verbal en contra del INE por la negativa de sus consejeros electorales a reducirse los salarios superiores a los que él percibía.
Los defensores del organismo electoral, principalmente el expresidente del INE, Lorenzo Córdova; así como Leonardo Valdés, Luis Carlos Ugalde y José Woldenberg, exdirigentes del extinto Instituto Federal Electoral (IFE), convocaron a las movilizaciones para defender al árbitro electoral.
Con la expresión “El INE no se toca”, los miembros de Marea Rosa comenzaron a movilizarse masivamente para denunciar que estos cambios implicaban el “fin de la democracia”. Pero la movilización no creció, debido a que sirvió como una plataforma electoral para Xóchilt Gálvez, entonces senadora del PAN, y Santiago Taboada, exalcalde de Miguel Hidalgo. Todo ello para posicionarse como aspirantes a la presidencia de la República y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
Así, este movimiento desapareció por el control de las plataformas partidistas que rápidamente posicionaron su mensaje para provocar un crecimiento del costo político de las decisiones que había tomado López Obrador.
La popularidad de AMLO depura a las marchas
Las movilizaciones que se desarrollaron durante el sexenio pasado se caracterizaron por ser expresiones reducidas y poco articuladas que no tuvieron la capacidad de movilizar masivamente a miles de personas que tuviera un impacto directo en la popularidad de López Obrador.
Mientras que el gobierno del tabasqueño utilizó las conferencias de prensa mañaneras como espacios de resonancia mediática, quienes impulsaron esas movilizaciones fueron desacreditados diariamente para perder cualquier tipo de legitimidad.
El micrófono de la mañanera fue efectivo. Apoyado en su elevada popularidad, López Obrador denigró a las movilizaciones sociales de la oposición, al evidenciar las exageraciones de algunos de sus principales críticos como Denise Dresser, Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Héctor de Mauleón, Carlos Marín, entre otros, quienes constantemente aseguraron tajantemente que la democracia mexicana había muerto y que el país se convertía en una dictadura.
Un factor que influye en el éxito de las marchas es la legitimidad con la que cuenta un gobernante. López Obrador tuvo una elevada popularidad que le dio una protección especial ante las acusaciones en su contra—muchas de ellas completamente ciertas–, aunado a que para el tabasqueño era muy fácil desacreditarlas por las trayectorias de quienes lo hacían.
El expresidente optó por evidenciar que muchos de estos personajes recibían millones de pesos en contratos de publicidad en anteriores gobiernos, cancelados con la administración de la “4T”. Esta situación, supuestamente, fue la razón por la cual comenzaron a conformarse como principales críticos y defensores de la democracia.
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La comentocracia tradicional mexicana no estaba preparada para una guerra discursiva contra el populismo de López Obrador. Las estrategias del exmandatario redujeron de forma notable las movilizaciones en su contra. En ,os sexenios anteriores, las protestas tenían una presencia mucho mayor. Durante su administración aumentaron la inseguridad y la violencia en México y desaparecieron los mecanismos para combatir la corrupción.
El gobierno centralizó cada vez más el poder. La economía no registró crecimiento sostenido. Además, los servicios de salud empeoraron para la población.
Las respuestas del morenismo
Para contrarrestar las marchas de la oposición, el régimen también incurrió en medidas similares para celebrar acciones completamente innecesarias para mostrar el músculo político de López Obrador. Una prueba de ello fue el aniversario de la victoria electoral del tabasqueño, que bautizó como el inicio de la cuarta transformación.
En las convocatorias de López Obrador, se mostraron expresiones para contar al total de personas que el régimen era capaz de congregar. Con esto pretendían desacreditar cualquier expresión opositora en su contra. Asimismo, tratar de mantener la narrativa de que la mayoría de la población estaba a favor de la 4T.
Claudia Sheinbaum ha intentado replicar ese modelo. Convocó en marzo pasado a una movilización para evidenciar “el respaldo social” que tenía ante las amenazas arancelarias de Donald Trump. Después de las protestas de los últimos días por la Generación Z, decidió convocar a sus bases para celebrar el séptimo aniversario del inicio de la 4T.
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El morenismo ha presumido llenos totales en el Zócalo de la Ciudad de México, en aquellas movilizaciones convocadas tanto por López Obrador como por Sheinbaum. Sin embargo, omite que resultaron de la movilización de miles de acarreados comprados por los gobiernos estatales. Esto para quedar bien con la persona inquilina de Palacio Nacional, a la vieja usanza priista.
Así, en la batalla por la narrativa, las marchas contra el morenismo han sido derrotadas por el andamiaje institucional que ha empleado el gobierno para sepultar la percepción de que la opinión social está en su contra.
En tanto que la oposición carezca de verdaderos liderazgos con capacidad de atraer a miles de personas y que tenga una trayectoria negativa, no habrá posibilidad de que las movilizaciones en contra del régimen sean duraderas y masivas. Como en su momento fueron las manifestaciones por Ayotzinapa en contra de Peña Nieto o el Frente Nacional por la Paz contra Calderón, factores de las caídas de sus respectivos partidos políticos.
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Apéndice: Sheinbaum ha minimizado los efectos de la movilización de la Generación Z, que al contar con la presencia de miembros de la oposición partidista, tuvo la posibilidad de continuar con los mismos alegatos de su antecesor.
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