México se ubicó en el lugar 140 de 180 países evaluados en cuanto a la percepción de corrupción. Las organizaciones Transparencia Internacional y Transparencia Mexicana revelaron la semana pasada que México es una de las naciones con los mayores niveles de percepción en corrupción en el planeta.
El discurso que tanto pregonó Andrés Manuel López Obrador desde el inicio de su sexenio para combatirla, con la expresión de “barrer a la corrupción como las escaleras de arriba hacia abajo”, fue un fracaso. No sólo México siguió con su corrupción en todos los ámbitos, sino que se acentuó en diferentes áreas.
El país reprobó en la calificación general. Tuvo apenas 26 de 100 puntos posibles, en la escala del Índice de Percepción de la Corrupción. De las naciones que forman parte de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), México quedó en el último lugar general.
Por otra parte, de entre los países del G-20, correspondientes a las 20 principales economías del mundo, la nación mexicana estuvo en el penúltimo lugar. Quedó después de Rusia, que tuvo 22 unidades.
Con respecto a América Latina, México estuvo por encima de Guatemala, Paraguay, Honduras, Haití, Nicaragua y Venezuela.
Factores que destacan a México como uno de los países más corruptos
La “Cuarta Transformación” alegó en constantes ocasiones que la corrupción desapareció. Lo manifestó en el discurso, toda vez que el índice de percepción mencionado es elaborado con las voces de especialistas en distintos ámbitos.
Estos expertos consideraron que uno de los principales factores que destacan a México como uno de los países más corruptos es la incertidumbre por la implementación de la reforma al Poder Judicial de la Federación (PJF).
A dichos factores se une la impunidad por distintos casos que no han sido atendidos por el Estado, como Odebrecht, los saqueos a Petróleos Mexicanos (Pemex) Agronitrogenados, la “Estafa Maestra”, los desvíos en Segalmex, así como las bajas sanciones contra servidores públicos en materia administrativa.
También, destaca la revisión de la prensa nacional e internacional hace sobre la relación entre gobiernos estatales y el crimen organizado. A eso hay que agregar el incremento de las empresas “fachada”, creadas para desarrollar esquemas de desvíos de recursos.
La 4T tiene otros datos sobre la corrupción de México
Al llegar a la presidencia de la República en diciembre de 2018, López Obrador hizo el compromiso de erradicar la corrupción en el país. Sin embargo, los escándalos sólo cambiaron de protagonistas.
Uno de los casos más mediáticos que evidenció la red de corrupción que existió en el primer gobierno de la “4T” son los desvíos millonarios de Segalmex. Estos fueron documentados por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), pero que no derivaron en consecuencias mayores. Su extitular, Ignacio Ovalle, siguió con la protección federal.
López Obrador trató de atajar las críticas, al señalar que la honestidad sería el timbre de los integrantes de su gobierno. Su guía moral sería suficiente para eliminar un problema multidimensional y multifactorial que ha acompañado a la humanidad.
En cambio, el gobierno de la 4T decidió desarticular al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) que ayudaría a sancionar estos hechos. Para López Obrador no era necesario articular instrumentos coercitivos.
Además, entre los principales escándalos de corrupción, destacan los desvíos que implementó la exsecretaria de Energía y ahora gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle. Es señalada por incurrir en prácticas ilegales para la construcción de la Refinería Dos Bocas.
Otro de los casos más evidenciados en el gobierno de López Obrador involucra a Manuel Bartlett. Como extitular de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), acumuló 25 propiedades inmobiliarias por más de 200 millones de pesos.
Además, su hijo obtuvo contratos con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para venderles ventiladores a sobrecosto.
Durante la gestión de Octavio Romero Oropeza, en PEMEX se entregaron contratos por 194 millones de dólares a la empresa Baker Hughes. Estuvieron implicados Carolyn Adams, esposa de José Ramón López Beltrán, hijo del expresidente, quien obtuvo como préstamo una lujosa residencia en Texas por parte de la empresa.
Los mecanismos de impunidad
A estos escándalos se suman el de la extitular de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), Ana Gabriela Guevara. Tuvo constantes señalamientos de deportistas y federaciones deportivas de desviar más de cien millones de pesos que eran para apoyar a los atletas de alto rendimiento en distintas competencias internacionales.
A esto se suma que uno de los supuestos encargados del combate a la corrupción en México, el fiscal General de la República (FGR), Alejandro Gertz Manero, también carga con acusaciones por apoyar a una red donde presuntamente comercia para llevar casos a favor de grandes empresas.
Así, la corrupción ha estado presente en el país, sin desaparecer por decreto presidencial, como prometió López Obrador. En su gobierno, reconoció al menos el escándalo de Segalmex, pero deslindó de cualquier responsabilidad a su amigo Ignacio Ovalle.
El gobierno de Claudia Sheinbaum
El gobierno de Claudia Sheinbaum anunció una nueva política de combate a la corrupción. Ello, con la creación de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, encabezada por Raquel Buenrostro.
Sin embargo, dicho esfuerzo es poco claro en cuanto a generar mecanismos de transparencia que asuman las facultades del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI).
Con la desaparición de organismos vitales para el combate a la corrupción, como el INAI, es altamente probable que dicha práctica prevalezca en el sector público durante los siguientes años.
El gobierno, fiscalizándose a sí mismo, no será capaz de sancionar de forma más esta práctica.
Los protagonistas de la corrupción no solo están de un lado. Su práctica no sólo compete a los actores públicos, sino también a la sociedad. Los ciudadanos no pueden deslindarse de esa responsabilidad. Para que existan este tipo de prácticas se necesitan de dos actores: los corruptores y los corrompidos.
Apéndice: México es uno de los países con altos niveles de corrupción, debido a que existe una percepción de impunidad que acompaña a los grandes escándalos públicos, con escasas consecuencias para quienes incurren en este tipo de prácticas. El costo social, político y económico es cada vez menor, para seguir efectuando más acciones similares.
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