Este fin de semana el Partido Revolucionario Institucional (PRI) obtuvo su mejor resultado electoral desde 2012. Después de las constantes caídas electorales que había recibido en los últimos comicios, el tricolor ganó “carro completo” en las elecciones intermedias de Coahuila.
La entidad que nunca ha gobernado el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) se ha convertido en el único bastión político del PRI. Sin embargo, el partido guinda tuvo una caída de más de diez puntos en las preferencias electorales en esa entidad con respecto a 2023, cuando se renovó por última vez el Congreso local.
La victoria priista posiciona al gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, quien gobernará en la mitad de su sexenio sin contrapesos legislativos. Ya que la mayoría legislativa será emanada del tricolor, y con ello le aporta oxígeno puro a la dirigencia nacional encabezada por Alejandro Moreno.
La derrota morenista era esperada. Coahuila nunca ha sido una entidad en la que alcanzó a conformar una estructura territorial política significativa, pero la operación política efectuada por el exsecretario de Organización del partido, Andrés Manuel López Beltrán, fue un desastre total.
La elección de Coahuila fue la última herencia política de “Andy” en el proceso operativo de Morena. El segundo hijo del expresidente de México pensó que se trataba de una labor sencilla, pero rápidamente se percató que no tenía experiencia para desempeñarse en ese cargo.
La vulnerabilidad morenista en el norte
La elección intermedia de Coahuila—la única de este año—ha evidenciado la fragilidad territorial y política de Morena en el norte del país. Mientras que en el sureste, principalmente Tabasco, ha consolidado una red de bastiones políticos, en el norte del país su capacidad de incidencia es significativamente menor.
Aunque Morena logró conquistar la mayoría de los estados, algunas de sus victorias resultan temporales. Ya que han cuestionado la gestión de sus gobernadores, por sus presuntos vínculos con el crimen organizado. Esto ha erosionado la credibilidad del instituto político guinda.
Manolo Jiménez mantuvo la vieja estructura partidista que históricamente había caracterizado al PRI, con un fortalecimiento de cuadros asociados a las redes de incentivos internos para que la militancia se pudiera integrar a la administración pública, lo que a su vez le garantizó disciplina partidista.
Esta condición no la ha alcanzado a mantener Morena, al menos en diferentes estados, donde la capacidad de gestión territorial está afectada por las disputas entre los diferentes grupos políticos que deben sus lealtades a diversos liderazgos que pretenden consolidar sus redes políticas.
Morena no ha logrado penetrar en Chihuahua. Aunque este estado estará en disputa para el siguiente año, será difícil que logren arrebatarle este bastión al Partido Acción Nacional (PAN). Esto debido a que la gobernadora Maru Campos se ha fortalecido en las últimas semanas. Mientras que Andrea Chávez tiene serias dificultades para extender su estructura política.
En Nuevo León, Morena tampoco ha logrado tener impacto. Primero en la gubernatura de Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”, y posteriormente con la administración de Samuel García de Movimiento Ciudadano (MC). Pese a que se trata de un personal banal y evidentemente incompetente, es posible que logre mantener el control político de la entidad.
Las fracturas que vienen
En Baja California, Tamaulipas y Sonora, los otros estados fronterizos, si bien son gobernados por Morena, los tres gobernadores emanados de esa fuerza política son investigados por el gobierno de Estados Unidos por sus presuntos nexos con el crimen organizado.
La gobernadora Marina del Pilar Ávila, fue la primera en ser investigada por las autoridades norteamericanas, debido a que a su exesposo, Carlos Alberto Torres, lo acusaron de formar parte de una red de lavado de dinero para el crimen organizado y por ello le retiraron la visa para viajar a la Unión Americana.
Apenas la semana pasada la prensa estadounidense reveló que también investigan a los gobernadores morenistas de Tamaulipas y Sonora, Américo Villarreal y Alfonso Durazo, por sus presuntos vínculos con el crimen organizado.
Con el caso del mandatario estatal de Sonora, la situación es más complicada para Morena, ya que fungió como secretario de Seguridad y Protección Ciudadana en la primera etapa de la administración de Andrés Manuel López Obrador, y podría tratarse de una condición similar a la de Genaro García Luna con Felipe Calderón.
En estos casos, Washington ha presionado a la administración de Claudia Sheinbaum a actuar en contra de los narcopolíticos. No obstante, la mandataria federal se ha rehusado, al alegar que se trata de una injerencia extranjera que vulnera la soberanía nacional.
En tanto, estos escándalos parecen afectar la imagen de Morena, principalmente en el norte del país, donde será difícil que el instituto político guinda mantenga el control de los tres estados fronterizos que gobierna, así como de Sinaloa, donde Rubén Rocha tuvo que dejar la gubernatura por las acusaciones directas del Departamento de Justicia de Estados Unidos por sus vínculos con el Cártel de Sinaloa (CDS).
El PAN borrado en Coahuila
Pero Morena no fue el único damnificado por la victoria electoral del PRI. El PAN se convirtió en el partido político que mayor caída tuvo en los comicios de este fin de semana, al pasar de contar con el 6.2 por ciento al 2.2 por ciento en los resultados electorales.
El blanquiazul, que supuestamente se renovó con Jorge Romero, ha mostrado que sigue engañado. La derrota electoral del PAN en Coahuila lo ha ubicado en el penúltimo lugar de las preferencias electorales. Solo por encima de Movimiento Ciudadano (MC) que alcanzó apenas el dos por ciento de los sufragios.
Aunque el PAN tampoco ha gobernado nunca Coahuila, dado que se trata del único estado del país que nunca ha vivido alternancia política, su desplome ha sido el más importante en el actual siglo. Después de ser la segunda fuerza política en los comicios de 2011 a ser superado incluso por partidos que estaban al borde de la extinción.
Es evidente que la gestión de Jorge Romero es demagógica. En su intento de recuperar reflectores, han perdido la confianza de los electores y superados ampliamente tanto por el PRI como por Morena en Coahuila. Y pese a que mantiene el control de estados como Chihuahua, Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro, deberán disputar el poder local con fuerzas políticas que compiten en su misma plataforma electoral, como MC.
Un espejismo para el PRI
La abultada victoria electoral del PRI en Coahuila es un espejismo. Los resultados locales no representan un cambio en el comportamiento político electoral de los votantes en el país. Esa entidad nunca la ha gobernado la oposición, razón por la cual las estructuras priistas se mantienen intactas.
La representación demográfica de Coahuila tampoco es representativa con respecto al país. Los estados más poblados del país son invariablemente gobernados por Morena como la Ciudad de México, Estado de México, Veracruz y Puebla, en donde se concentra la mitad de la población total nacional.
El PRI sigue en el precipicio. El tricolor está actualmente por debajo de partidos como MC, que gobierna dos de los estados más poderosos económicamente del país como Nuevo León y Jalisco. Mientras que ni el PAN ni MC están interesados en competir en alianzas para las elecciones de 2027. Esto podría reflejar la verdadera percepción electoral sobre el antiguo partido hegemónico.
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