Los prejuicios, estereotipos, problemas económicos y la falta de tiempo son algunos de los problemas que enfrentan las mujeres emprendedoras de Hidalgo, dificultades que cada día intentan vencer en un mundo de alta competitividad.
En el marco del 8 de marzo, se enciende en México la llama de la resiliencia y el coraje femenino. Esta fecha recuerda que la lucha por la autonomía trasciende lo meramente político para convertirse en una batalla cotidiana y personal.
Las experiencias de mujeres que se atreven a emprender, a pesar de estructuras de poder históricamente desiguales y prejuicios arraigados, son un reflejo vivo de esa lucha.
Este reportaje recorre el camino de dos mujeres emprendedoras de Hidalgo que, cada una a su manera, hizo de los obstáculos una oportunidad. Construyeron redes de apoyo que las impulsan a seguir adelante.
Maritza Camacho: de la explotación laboral al emprendimiento empresarial
Maritza Camacho es una madre y emprendedora de 37 años. Inició su vida laboral como ejecutiva de ventas tras haber egresado de la Universidad Tecnológica de Tecámac.
Trabajó en una empresa dedicada a las ventas, donde ofrecía artículos para baño en cines y centros comerciales. Viajó mucho por los diferentes estados del país, a un ritmo que constantemente la superaba.
Si hoy te pedían en Guadalajara, tenías que estar en Guadalajara y si mañana te pedían en Puebla tenías que estar en Puebla.”
El desgaste que implicaba para ella trasladarse -sin darse el tiempo de conocer los lugares-, el estrés por las juntas y vida laboral hizo que Maritza enfermara de gravedad. La falta de descanso la empujó a pedir sus días de vacaciones. Sin embargo, recibió una respuesta negativa y prepotente.

Escucho una frase que la marcó de por vida, cambiando drásticamente su rumbo: “Solo eres un número más”. Le advirtieron que, si aceptaba vacaciones, tenía que asumir las consecuencias.
Depender de un empleo donde ella no era valorada, junto a las duras condiciones laborales, impulsaron a Maritza a dar un giro decisivo y emprender su propio negocio. Quería tiempo para ella, su familia y especialmente su hijo.
Dejar atrás la seguridad de una nómina estable significó enfrentarse a la incertidumbre del emprendimiento, la burocracia y la difícil transición de ser empleada a ser dueña.
Apostó por la organización de eventos y la venta de artículos personalizados, así como la publicidad impresa. Un negocio que la ha llevado a trabajar para empresas como “Totis”.
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Obstáculos, estereotipos y el peso de lo invisible
El recorrido de Maritza está marcado por múltiples desafíos. En un mercado donde “la mayor parte la tienen los hombres”, tuvo que lidiar con la competencia de quienes no solo tenía más reconocimiento, sino que también tienen la ventaja de no maniobrar entre el negocio y la maternidad.
Ser mujer implica una carga extra: la responsabilidad en casa, con los hijos, y, a la par, la exigencia de estar siempre al 100 por ciento en el emprendimiento.”
Además, los prejuicios y estereotipos están en todos lados. En diversas licitaciones y proyectos, Maritza escuchó comentarios desalentadores que cuestionaban su capacidad simplemente por ser mujer o venir de una “provincia”. Un adjetivo que empleaban al escuchar que provenía de Tizayuca, en Hidalgo.
Para Maritza, la clave ante la adversidad es fortificar una red de apoyo. Su mamá, su hermana, su suegra e incluso su esposo, son fundamentales para sortear momentos críticos. Desde la falta de tiempo para cumplir con las obligaciones domésticas hasta enfrentar emergencias personales y de salud.
Sin mi cadena de apoyo, no estaría donde estoy hoy.”
Con palabras llenas de convicción, anima a las mujeres a “empezar con lo que tienen”, sin esperar a tenerlo todo resuelto. A aprovechar cada oportunidad, aprender de los errores y, sobre todo, apoyarse entre mujeres para construir un futuro más justo y equitativo.
Empieza, incluso con miedo; lo peor que puede pasar es que no pase nada. Pero si no lo intentas, nunca sabrás de lo que eres capaz.”
Mariela Barrios: La visión de una joven emprendedora
Mariela Barrios intenta destacarse en este mundo donde el emprendimiento es una alternativa no solo para obtener ingresos, sino para realizar pasiones.
Ella es una joven de 25 años, egresada de la Licenciatura en Intervención Educativa. Actualmente es docente de Formación Cívica y Educación Física en una secundaria. Paralelamente, adaptó en su casa una pequeña cafetería de nombre “Mini Lates el Jardín”, en Atotonilco el Grande, un municipio de Hidalgo con cerca de 30 mil 135 habitantes. Esa cafetería un sueño universitario que se ha consolidado a fuerza de la resiliencia y la pasión.
Mariela no dejaba de querer explorar nuevos horizontes, más allá de su empleo estable. Como universitaria, le surgió la idea de una cafetería que le permitiera ganar algo de dinero en las vacaciones. Al mismo tiempo, poner en práctica sus habilidades organizativas.
Sin embargo, el proyecto se vio afectado por compromisos académicos y la falta de interés familiar. Esta situación la llevó a cerrar el negocio. En 2024, decidió reabrir, esta vez con una propuesta más sencilla y mayor estrategia.
Usó la efervescencia del Día de Reyes e inauguró el 6 de enero, un momento idóneo para darse a conocer y atraer a nuevos clientes.
Trabajando en horarios nocturnos de jueves a domingo, Mariela combina su labor docente con el esfuerzo de hacer crecer su cafetería, equilibrando sus dos mundos aparentemente incompatibles.

Uno de sus principales obstáculos fue la competencia directa, nacida de la envidia, según considera ella, pues otros pobladores replicaron la misma idea a poca distancia de su cafetería.
Frente a estas imitaciones, Mariela optó calidad en el trato a clientes, la limpieza de su espacio y el espero en cada producto, convencida de que la diferenciación se logra cuidando cada detalle.
Si te enfocas en lo tuyo, lo demás sobra.”
Consejos sobre el emprendimiento
Aunque Mariela no ha enfrentado comentarios desalentadores basados exclusivamente en su género, reconoce que el emprendimiento femenino a veces se ve marcado por el recelo de otras personas.
Además, señala la carencia de apoyos específicos o asesorías dirigidas a mujeres emprendedoras en los municipios de Hidalgo. Dichos apoyos podrían potenciar la profesionalización de proyectos como el suyo, especialmente en el ámbito financiero.
En su experiencia, la paciencia y la autogestión son herramientas esenciales para crecer. También destaca la necesidad de que las instituciones amplíen y mejoren sus programas de capacitación en emprendimiento.
Como joven emprendedora, Mariela aconseja iniciar con lo que se tenga, igual que Maritza. A eso, se suma aprender del proceso y distribuir inteligentemente los recursos. No tener miedo de empezar.
No importa si hoy se venden 40 pesos o mil. Lo importante es tener la paciencia y la constancia para ver crecer el negocio.”
Para ella, la clave está en que la experiencia del emprendimiento no solo genere ingresos, sino también satisfacción personal, convirtiéndose en una herramienta de crecimiento tanto profesional como emocional.
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