Los juguetes de colección son una ventana hacia el pasado para miles de personas que atesoran su infancia o que quieren volver a vivir una etapa que, en su momento, estuvo llena de restricciones.
Uno de los factores que impulsan a las y los coleccionistas de juguetes es la posibilidad de volver a vivir parte de su infancia, o incluso conseguir aquello que no tuvieron en su momento
La infancia está llena de buenos momentos que han trascendido en el corazón de una persona al llegar a la adultez: una cena familiar en Navidad, un recuerdo junto a mamá y papá, o incluso un viaje a un lugar que consideramos especial.
Además, la infancia está vinculada a objetos que un niño o niña atesora: el juguete. Desde un trompo hasta un balero, desde el juguete pequeño hasta el gigantesco producido en masa, estos objetos han alegrado a cada menor.
La Cámara Argentina de la Industria del Juguete, fundada en 1945, menciona que los juguetes contribuyen al desarrollo de la imaginación, la creatividad, la empatía y la comprensión de nuestro mundo.
Todos aprendimos a comunicarnos y compartir momentos con un familiar o amigo a través de dichos objetos.
Sin embargo, el cariño que podemos tener a un juguete llega a trascender más allá de la infancia. El recuerdo a dichos objetos moldea nuestra percepción en la edad adulta.
Así sucede con las personas que aman los juguetes de colección. Trasladan su niñez a su actualidad con un hobbie que, como adultos, llena de emociones su vida cotidiana.

Reconectando con la infancia y acoplándola a la adultez
El primer acercamiento de Irving Aragón con los juguetes de colección fue a través de sus redes sociales. Encontró un video de un coleccionista, donde aparecían varias piezas similares a las que él tenía guardadas de su infancia. Fue ese momento cuando decidió completar toda la colección que, de niño, no pudo tener.
Incorporó el coleccionismo no solo como una pasión, sino como un negocio cuyas ganancias le ayudarían a conseguir los juguetes que él quería de franquicias Jurassic Park, Power Rangers, Dragon Ball Z, entre otros.
“Vi que algunas colecciones las tenía semicompletas y, pues, me empecé a entrar en comprar y después vi que el vicio para mí era muy caro, porque me gustan mucho los carros, figuras. Entonces empecé a comprar dos, vendía una, intercambiaba otra y así me fui haciendo, hasta que me fui llenando más (de juguetes). Siempre he dicho que para coleccionar debes coleccionar lo que más te gusta a ti y te llene, sin importar el precio.”
En cambio, Jesús Pérez empezó con el coleccionismo para saciar sus ganas de adquirir los juguetes que de niño no pudo tener por la situación económica de su familia, algo que pudo haberle pasado a cualquier persona en el México moderno; algo que pudo sucederte a ti o a mí.
De acuerdo con los datos de “Medición de la pobreza” 2016-2022 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), alrededor de 17 millones de menores de edad en el país viven en situación de pobreza.
Dicha situación no permite que niños o niñas puedan acceder a un juguete que desean. Personas como Jesús Pérez pueden reconectar con esa infancia años después, a través de los juguetes de colección.
“No teníamos cómo para comprar o adquirir una figurita, entonces ya de grande (…) voy recordando las figuras de aquel tiempo. Uno nunca es adulto, como que siempre tiene uno ese niño interior que le hace llamativo a los juguetes (…) no dejen morir ese niño interior.”

La comunidad entorno a los juguetes de colección
Mario Méndez inició su colección de adulto, al comprar un juguete del Vocho, el icónico auto de Volkswagen. No obstante, se adentró más cuando compró figuras de Street Fighter.
Lo que más disfruta del coleccionismo son los clubes. Empatiza e interactúa con personas que tienen sus mismos gustos. Recuerda cómo era jugar de pequeño con sus amigos.
La situación es similar a lo que viven Guadalupe, Cervando y Helga. Unieron su gusto por las muñecas Barbie, creando el club “Barbie One of a Kind”.
ÚNETE A NUESTRO CANAL DE WHATSAPP “CAFÉ Y CHISMECITO”
Helga guardó sus muñecas desde pequeña, mientras que Guadalupe las compró de adulta. En cambio, Cervando guardó las Barbie que su abuela tenía en exhibición. Ellos se conocieron en redes sociales, durante el 2020. Durante la pandemia de COVID-19, encontraron refugio en su pequeño grupo.
“Barbie One of a Kind” reúne las muñecas de estos tres amigos. Cervando explica que esta pequeña comunidad se brinda apoyo entre sí. El interés de varias personas por su colección los motiva a seguir con el club.

Irving Aragón considera que el coleccionismo es un hobby “sano” entre ellos. Se rodean de personas empáticas que están dispuestas a ayudarse entre sí.
“Cada comunidad es un mundo, así son muy diferentes los de los carritos, los de las figuras, los coleccionados promocionales. Me gusta empaparme de todos porque, la verdad, es un ambiente de superbuena onda. Todos, siempre que he preguntado, explican cosas, aprendes de uno del otro; igual nosotros siempre hemos dicho que estamos aquí para cualquier duda.”
Jesús Pérez comparte la misma opinión que el resto, al asegurar que la niñez no debe terminarse solamente al crecer. Asegura que los juguetes de colección dan una segunda oportunidad para lograr lo que siempre quisieron.
“El poder jugar con ellos, el poder atesorarlos, guardarlos, también exhibirlos, eso nos va a permitir volver a la infancia, pero también, nunca se deja de ser niño, siempre tenemos ese entusiasmo, ese seguir retroalimentando el juego, los juguetes, pero también ahorita el coleccionismo.”
Te puede interesar:
dando clic en el periódico