La tarde del martes 13 de mayo no fue una cualquiera en Pachuca; algunas de las principales calles se vistieron de azul y blanco para recibir a Las Tuzas, también llamadas las Diosas del Viento, un día después de hacer historia en el balompié tras ser por primera vez campeonas de Liga MX Femenil tras vencer 3-2 en el marcador global al América.
Alrededor de las 15:30 horas, el Estadio Hidalgo ya tenía otra energía. No era día de partido, pero sí de fiesta, la fiestade las campeonas. Las Tuzas salieron del estadio, su casa, no sólo con la copa en mano, sino con una ciudad esperándolas.
Quince minutos después, las puertas del recinto se abrieron y, de ellas, emergieron dos autobuses que trasladaron a las jugadoras, al cuerpo técnico y directiva. También llevaron los sueños cumplidos de una generación que por fin pudo gritar a las campeonas, quienes avanzarían en caravana hacia el primer cuadro de la ciudad, presumiendo el título.

El primer autobús llevaba a las futbolistas, guiadas por su director técnico Óscar “Rambo” Torres, mientras, en el segundo, viajaban directivos y staff. Los primeros cánticos no se hicieron esperar: “¡Olé, olé, olé, Tuzas, Tuzas!” y un poderoso “¡Sí se pudo!”, que retumbaba como eco de aquellas finales pasadas donde se quedaron cerca de la victoria.
Dicho recorrido inició sobre el bulevar Felipe Ángeles. En cada cuadra, se sumaban más aficionados. Especialmente en la avenida Revolución, donde estudiantes salieron corriendo de la Prepa Uno para verlas de cerca, igual que abuelas, niños y familias completas.
El paso de los autobuses detuvo el tránsito, pero a casi nadie le importó. Se unieron con el pitar de sus claxons a la celebración y festejaban el paso de aquellas heroínas deportivas. Pachuca se paralizaba por una razón justa: celebrar a las mujeres que demostraron que la constancia y la pasión dan frutos.
Las Diosas del Viento, cercanas a la afición
La ciudad era una fiesta. Desde las banquetas, los balcones, los techos de las casas, los puestos callejeros, llovían aplausos, espuma, confeti y hasta peluches que las Diosas del Viento lanzaban hacia sus fanáticos.
Algunas niñas alzaron sus gorras y camisetas hacia el autobús, con la esperanza de llevarse una firma. Inclusive, extendían sus celulares a las jugadoras para que les grabasen un emotivo video de recuerdo.
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Entre la afición que caminaba junto a los autobuses de la victoria, muchas personas expresaban el orgullo hacia su equipo. De Prepa Uno a Plaza Juárez, cada tramo contó su propia historia: porras, firmas en banderas, selfies y hasta versos cantados con sentimiento.
Te juro que te amo… Aunque ganes, aunque pierdas… Yo sigo aquí… loco por ti…”

Charlyn Corral, Kenti Robles, Esthefanny Barreras y Andrea Pereira recibieron ovaciones como si de estrellas de rock se tratase. Mónica Ocampo, veterana, símbolo y alma del equipo, robaba miradas con su humildad y sonrisa eterna, siendo ovacionada de la misma manera por su esfuerzo y dedicación.
Al salir de la avenida Revolución, hubo la oportunidad de subir al autobús de las jugadoras con otros reporteros. Entre risas, gritos de emoción y lágrimas de alegría, Vanessa Millsaps dio una breve pero emotiva declaración:
La victoria significa todo para mí, para todas mis amigas, mis compañeras… Después de tantos años, me alegra que podamos estar aquí con toda la afición.”
Claramente emocionada, llena de orgullo, hablaba mientras volteaba hacia toda la afición que no dejaban de seguirlas en su recorrido triunfal. No era solo un trofeo. Era una deuda saldada con ellas mismas y con su gente.
Las Tuzas, en su autobús, mostraban una alegría sin igual, un sano orgullo, resultado de su esfuerzo y dedicación. Cada una de ellas celebraba, tomaba fotografías, bebían la tradicional sidra de la victoria.
El Reloj de Pachuca
La caravana avanzó por avenida Revolución y tomó la calle Allende, rumbo al corazón de Pachuca. En el Reloj Monumental ocurrió uno de los momentos más emocionantes. Ahí, donde la historia de la Bella Airosa suele detenerse, se reunió la mayor cantidad de fanáticos que ya esperaban al equipo. Todo parecía un mar blanquiazul y morado.
Las Tuzas alzaron la copa una y otra vez, ante las cámaras de los celulares y las voces que formaban un solo coro:
¿Dónde están?, ¿dónde están?, esas Águilas que nos iban a ganar”.
Una emoción contagiosa. Personalmente, como fanático del equipo derrotado, incluso pude sentir ese orgullo y esfuerzo de un equipo.
En la calle Guerrero, en el corazón de Pachuca, un pastel especial esperaba al equipo; llevaba la imagen de las campeonas alzando la copa de la Liga MX Femenil. Charlyn Corral y Mónica Ocampo bajaron del autobús, lo partieron y dieron la tradicional mordida. Entre risas y cámaras, el festejo siguió su curso.
La última parada fue en Plaza Juárez. Ahí, las jugadoras descendieron para ingresar al Palacio de Gobierno, donde con una rápida planeación, las recibió el gobernador de Hidalgo, Julio Menchaca Salazar: un gesto institucional que selló la hazaña deportiva.

Gobernador felicita a la Tuzas y las llama el ejemplo de toda una generación
En la Sala del Pueblo, ubicada en el Palacio de Gobierno, el gobernador brindo un emotivo discurso donde reconoció la labor de las deportistas, quienes lograron sacarse “una espinita” al vencer al América.
Asimismo, las felicitó por quedar como un ejemplo para las niñas y niños hidalguenses. Destacó que el propio gobierno ha hecho diversos esfuerzos por acercar a las juventudes y brindar a la ciudadanía la oportunidad de practicar todo tipo de deportes.
Con este título, las Tuzas del Pachuca se unen al selecto grupo de campeonas de la Liga MX Femenil, junto a Tigres, Monterrey, Chivas y América. Pero este triunfo tiene un sabor distinto por el esfuerzo y el sufrimiento. Marca un nuevo paso para el futbol femenil hidalguense.

Ahora vendrán nuevos retos: el Apertura 2025, la Women’s Cup en Brasil y la Copa de Campeones de la Concacaf W. Aún hay incertidumbre sobre lo que ocurra en esos torneos. Mientras tanto, “la primera estrella” nadie se las quita.
Cuando el camión se alejaba de Plaza Juárez con el sol comenzando a bajar, todavía persistía el eco de la afición: “¡Tuzas, Tuzas, Tuzas campeonas!”.
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