La vida de un profesional de las artes escénicas en Hidalgo aún se debate entre los estigmas de un trabajo poco rentable y la constante batalla por la construcción de públicos.
CENTRAL Hidalgo entrevistó a dos personas que han vivido estos señalamientos para conocer el esfuerzo, dedicación y los obstáculos que han tenido para cumplir su sueño de dedicarse a las artes escénicas.
Las artes escénicas tienen su origen en la Antigua Grecia para honrar a los dioses. Pero en la actualidad han funcionado como medio de entretenimiento para la sociedad.
En México han existido obras de teatro clásicas como “Corona de Sombras” de Rodolfo Usigli o puestas en escena populares como “Mentiras, el musical” de José Manuel López Velarde.
Sin embargo, pese al éxito de cada puesta en escena, la sociedad mexicana ha visto con malos ojos el dedicarse al estudio de las artes escénicas para convertirse en actor o actriz.
Dicho tipo de pensamiento suele sustentarse en que la licenciatura no tiene estabilidad financiera, en que es un pasatiempo y no una profesión, o inclusive en que “no es útil” como las carreras prácticas de medicina o ingeniería.
Los sueños no distinguen edades
Mariana García Bárcena, de 29 años, estudió la licenciatura en Administración y actualmente trabaja en el área de recursos humanos del Sistema de Transporte Convencional de Hidalgo, ubicado en la ciudad de Pachuca.
Sin embargo, los miércoles y viernes son distintos para su rutina, puesto que puede cumplir su sueño: aprender artes escénicas.
Despierta a las 07:00 horas para preparar su desayuno y después llegar a su oficina. Tras un largo día de trabajo, a las 16:59 horas ya está lista para registrar su salida y conducir hasta su escuela de teatro.
Pongo mis huellas, salgo corriendo y me voy cambiando en el coche. En los semáforos, pues ya, ahí voy poniendo calcetines, tenis, pantalones, te vas quitando los tacones para ponerte tenis”.
Una situación similar ocurre con “Kai” González Ortiz, estudiante de preparatoria de 16 años. Acude a una escuela ubicada en Coacalco, en el Estado de México, y viaja hasta Hidalgo para poder cumplir su sueño de convertirse en actor de teatro.
Despierta a las 05:00 horas para desayunar, preparar lo necesario para su día escolar y llegar a tiempo a su escuela. Sin embargo, a las 14:30 horas, corre a cambiarse de ropa antes de que el transporte escolar abandone su institución.
De ahí, parte a tomar un autobús para un trayecto de dos horas hasta Pachuca. Durante ese tiempo, aprovecha para descansar, comer o avanzar con sus tareas hasta que finalmente llega a sus clases de teatro.

Ambas personas, pese a su diferencia de edad, comparten la pasión por un sueño, el sacrificio y el esfuerzo para sentirse satisfechos con sus aspiraciones. Sin embargo, amigos, conocidos y la propia sociedad suelen juzgarlos: “del teatro no vas a comer”.
Miedos externos afectan nuestros sueños, consideran los artistas
Mariana relató que en su infancia veía a su papá desempeñarse como cantante. Al quedar admirada por cómo era el medio artístico, quiso convertirse en actriz.
Sin embargo, su padre le comentó que el mundo del teatro era difícil. Ya que Pachuca no contaba con escuelas formales para aprender y debía viajar a Ciudad de México.
Además, podría tener problemas para encontrar un trabajo o no tener un buen salario. Por lo que la incitó a estudiar otra licenciatura antes de perseguir su sueño.
Como joven adulta, Mariana decidió ir a estudiar artes escénicas en la capital del país, lo que la hizo formar parte de pequeñas compañías teatrales. Sin embargo, el ritmo de vida y los gastos eran muy distintos a los de Pachuca.
Empecé aquí en Pachuca, en una escuelita, después me fui a la Ciudad de México, hice dos obras allá, pero pues era muy caro. En primera, pues las colegiaturas, el transporte, comidas (…), o sea, aquí todavía podemos irnos a echar unos tacos con 50 pesos, pero en Ciudad de México es prácticamente imposible”.
La situación provocó que recordara las palabras de su padre. Y el miedo y las complicaciones la hicieron regresar a Pachuca para estudiar la licenciatura en Administración y dejar su sueño hasta que cumplió los 29 años.
Por su parte, “Kai” tuvo su primer acercamiento al teatro en secundaria al unirse al club de obras escolares. Al interpretar a Jack Sparrow, descubrió que quería convertirse en actor al volverse adulto.
Sin embargo, ahora que está por entrar a la universidad, sus compañeros de preparatoria han querido hacerlo dudar sobre su decisión.
Pues yo creo que el mayor comentario que me han dicho es en la prepa (…) y me dicen ¿pero entonces vas a seguir en el diseño o no? Porque las artes escénicas no tienen carrera, ¿cómo te vas a dedicar al arte?, ¿cómo te vas a subir al teatro?”.

El teatro permite a las y los soñadores vivir de su pasión
El licenciado en Artes Escénicas por el Centro de Capacitación Artística “Carlos Espejel”, Enrique Portilla Cerón, explicó que las inseguridades de las personas que quieren dedicarse al teatro suelen provenir de su círculo cercano.
Aunado a eso, mencionó que la sociedad menosprecia al teatro al no verlo como un estudio serio. En ese sentido, opaca la pasión que pueden tener las y los soñadores, como “Kai” y Mariana.
Te ponen las trabas y te dicen ¿cómo vas a vivir de eso? ¿cómo vas a estudiar eso? ¿necesitas estudiar una carrera formal? (…) De pronto hay comentarios de terceros que te pueden llegar a afectar y que te pueden juzgar por el hecho de querer dedicarte a esto (el teatro)”.
Sin embargo, Enrique Portilla mencionó que, en sus 11 años de experiencia, el teatro sí es una licenciatura que tiene campo laboral y puede permitir a sus apasionados vivir de él.
Tras fundar su escuela de artes escénicas “Rotte Studio” en Pachuca, Hidalgo, ha aclarado dudas de padres y madres para que entiendan que hay seguridad en dedicarse al teatro con esfuerzo y dedicación.
De esta forma, busca que el núcleo familiar apoye a los estudiantes en sus sueños, lo que les permite dejar de lado los comentarios de terceros.
Si alguien quiere ser dentista tiene que estudiar c cuántas horas al día, por cuánto tiempo, lo mismo los actores: es un entrenamiento muy grande y constante el que deben tener. Una vez que tú te paras en un escenario y disfrutas la magia de sentir el aplauso de interpretar un personaje, ya no hay quien te pare, entonces tú vas a hacer hasta lo imposible por luchar por tus sueños”.
Mariana secundó la afirmación, ya que de haber tenido ese apoyo en su adolescencia está segura de que estaría dedicada por completo a las artes escénicas.
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Ahora como adulta, es feliz de poder cumplir su sueño con el esfuerzo de su trabajo. Ya que nadie puede condicionar sus decisiones y le permite crear sus metas, como actuar en el extranjero.
Sí me gusta ir a la oficina, pero cuando es miércoles, cuando es viernes, cuando tengo un boleto de teatro y digo ‘es que hoy voy a ir a ver tal obra’ es una emoción diferente. Sí hubiera decidido ser actriz (desde el comienzo)”.
Por su parte, “Kai” ha conseguido el apoyo de su familia al demostrarle que su pasión le permitirá avanzar en su vida sin dificultades. A su vez, aprende a ignorar los comentarios de sus compañeros, mientras mejora sus habilidades artísticas para conseguir papeles más importantes.
Enrique Portilla exhortó a la sociedad en general a darle una oportunidad a las artes escénicas. Ya que el espectador puede cambiar su vida a través del mensaje que da una obra.
De esta forma, las personas que están dedicadas a las artes escénicas pueden finalmente tener un reconocimiento desde el inicio, sin tener que ser juzgadas durante su proceso de aprendizaje.
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